Y sucedió así…

No hace mucho buscando referencias a la serie de TV de los 70s “Space: 1999“, descubrí que aún se vendían algunos juguetes de la serie. No pude evitar la tentación y de un sitio en internet hice un pedido por un modelo a escala de un “águila”.  Ese primer intento resultó infructuoso: a los pocos días recibí un correo del vendedor informándome que el producto estaba agotado. Lo tomé con algo de resignación y sin mucha sorpresa. Sin embargo, después de encontrar lo que buscaba, a los pocos días decidí hacer un segundo intento al recordar la cantidad de sitios que encontré que vendían esta mercancía.

El segundo intento lo hice con ForbiddenPlanet.  En esta ocasión no hubo problema alguno, salvo una corrección en el flete (de hecho salía más caro el envío que el producto, pero ya entrados en gastos…).

Alrededor de casi un mes después llamó DHL avisando del paquete. Además de pagar los esperados costos de importación y traslado (malditas Aduanas Mexicanas transas), resultó que demás había que tramitar un aviso sanitario ante la SSA.

Despúes de indagar un poco en la Internet y encontrar información contradictoria del Gobierno y particulares decidí mejor llamar a Locatel y ahorrarme la búsqueda. De acuerdo a Locatel esto era competencia de la SCHP, me dieron un número y llamé. En la SHCP determinaron que esto era competencia de algún área dedicada al comercio exterior, por lo que me turnaron al SAT. En el SAT, después de navegar en su IVR y ser atendido por uno de sus ejecutivo me confirmaron que esto era ante la SSA. Me proporcionaron el número y llamé a lo que después me enteré era la COFEPRIS. Ya con la COFEPRIS sus operadores me guiaron en su página web para descargar el formato y la guía de llenado. Tras preguntar con DHL nuevamente por datos de francciones arancelarias y unidades de medida. Llené el formato, resolví algunas dudas con la COFEPRIS (no tanto por lo que preguntan si no por lo que querían preguntar), hice cita y al día siguiente llevé el formato.

Llegué puntual a mi cita de las 16:00 horas pero me topé con que la “Unidad de Servicio Integrales”  (o algo así) estaban cerradas. Ya había “cola”. Me formé y desde ese momento supe que lo de las citas sería puro cuento. A las 16:10 abrieron y empezamos a avanzar… para hacer otra fila con una persona que validaba nombre, empresa y trámite. Me dio mi turno y a esperar. Diez minutos después el display de la sala de espera mostró mi número pero descubrí que además había que considerar una letra que identificaba el servicio (extraño sistema). Cinco minutos después tocó mi turno. Caja 1.

Como era de esperarse de cualquier otra entidad gubernamental (bueno, salvo el SAT que me consta y puedo decir han hecho un gran esfuerzo por mejorar sus procesos y mecanismos de atención), la señora de la ventanilla me atendió más como si me hiciera un favor mas que otra cosa. Tras un rápido vistazo me indicó que el formato no estaba completo. Sin mucha sorpresa (sin experiencia previa en el trámite conviene considerar que esto no saldrá a la primera) le indiqué que imprimiría lo que faltaba y regresaría. Aprovechando le pedí revisará si no faltaba algo más (ya los conozco). Me indicó que faltaba un campo no mencionado  en la guía (que se lo hice saber).  Respondió que sí, la guía estaba mal (no me sorprendería que todos ahí lo supieran… ¿por qué no lo arreglan?).  Salí a las 16:30 horas. Llegando a casa hice mi cita (en esa ocasión el operador trató de venderme la idea que sólo se hacían de 8:30 a 10:00 am pero ya sabiendo le indiqué que no era cierto, por lo que conseguí cita nuevamente a las 16:00 horas). Eso fue el viernes.

El lunes siguiente lo mismo, ya ni me apuré por llegar a tiempo. Llegué para formarme en la segunda fila. Pase la revisión del registro de citas y ya con turno en mano a esperar.  El caótico display mostraba los servicios, turnos y ventanillas: H 55 03, B 90 22, C 84 01,  etcétera. Yo era el C 87; llegó a aparecer el C 86 y, después de varios turnos y un rato (en el que pasó hasta el C 90), se mostró el mio: C 87 01. Nuevamente la ventanilla 1.

Una vez más la señora de la ventanilla 1 recibió mi formato. Pensé le buscaría algún “pero” al contenido pero en su lugar estaba más preocupada porque las firmas en el documento y el duplicado, así como en la carta anexa (declarando la no comercialización del producto) fueran originales y no copias (hasta me preguntó al respecto, y de milagro no me puso peros por la tinta). No encontrándole nada más, procedió con el registro de algunos datos, puso dos sello y listo. Salí casi a las 17:00 horas. Afortunadamente el trámite me resultó gratuito.

Ahora veo el formato y me preguntó ¿que ganamos? ¿Esto salvaría al país de una epidemia, del ingreso de especies nocivas o un agente biológico? Creo que cualquiera entendería este proceso si se trataran de cantidades industriales o un volumen que supusiera su comercialización? Pero, ¿por un juguete que costó $800.00? Cosas sin sentido.

Este trámite podría ser más ágil. Una simple aplicación con una página web podría servir para la captura de datos, su envío y consulta de estado para que después, mediante una visita en persona para comprobar la identidad del solicitante ,obtener el dichoso aviso. Agilizaría las operaciones comerciales,  evitaría tener toda una infraestructura de gente que se la pasa platicando, ahorraría papel y todos seríamos más felices.

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