Los buenos deseos otra vez

Supongo que para estar en congruencia con los proyectos populacheros del GDF (entre ellos la Ecobici) se impulsaron cambios, adiciones y una buena lista de buenos deseos, propósitos y otras fantasías para, inicialmente tratar de crear un “nuevo Reglamento de Tránsito” para la Ciudad de México. Al final, esto siempre queda como un buen propósito y terminan entregando un pequeño engendrito parchado y andrajoso. En este caso no se trata de un nuevo reglamento, se trata solamente de modificaciones al vigente. Aparentemente, la tesis es que los peatones y ciclistas tiene ahora “nuevos” derechos. En el blog de la SSP-DF se lee:

El Gobierno del Distrito Federal publicó modificaciones al Reglamento de Tránsito donde se establecen nuevos derechos para peatones y ciclistas, quienes tendrán prioridad sobre los vehículos motorizados particulares y del transporte público en el uso del “espacio público de los diferentes modos de desplazamiento.”

Esto es sobre lo que giran los “nuevos derechos”, sobre la prioridad del peatón y ciclistas para avanzar y circular en las calles de esta ciudad. Sin embargo, ¿que no los peatones y ciclistas ya tenían preferencia de paso? Que yo recuerde, eso me lo enseñaron y me lo han repetido desde hace más de 15 años, tiempo que llevo manejando, y alrededor de ésta preferencia se establece y deriva lo demás. No le veo lo nuevo o lo ganado. Lo “cacarean” como un gran logro y triunfo de la actual administración del GDF cuando es algo que por sentido común pertenece a los más básicos sentidos de civilidad, respeto, convivencia y coordialidad. Una vez más el sentido común se muestra ausente en nuestras autoridades. Lo que sí es un hecho es que ahora han dejado por escrito mucho de esa civilidad ausente. No se si esto evidencíe la falta de cuidado o interés de los legisladores al no poner desde un inicio estos aspectos en el reglamento o, si bien, denota la degradación de nuestra cultura citadina al tener que reglamentarse acciones que por pura decencia y sentido común deberían ser seguidas por todos nosotros (y que quizás fue la razón por la que en un inicio no fueron reglamentadas, siendo que quizás en ese entonces pudiera considerarse ofensivo o innecesario hacerlo).

Pasemos ahora al aspecto práctico. Los conductores en esta ciudad no respetan, obligan a no respetar, o nos vemos obligados a no respetar el reglamento de tránsito. Uno con las mejores intenciones puede tratar de respetar señalizaciones, el paso de peatones, a otros conductores y demás puntos tratados en el reglamento de tránsito pero, tarde o temprano, se verá obligado a olvidarlo ante la presión, falta de respeto a éste por parte de otros (conductores, peatones y ciclistas), la irresponsabilidad de los peatones y ciclistas (quienes no se dan cuenta que el reglamento no los cubre ante la inevitabilidad de las leyes de Newton), negligencia de las autoridades, el hacinamiento de la ciudad, el desconocimiento del reglamento, el abuso de los policías que lo aplican e interpretan a su antojo para extorsionar a medio mundo, et cetera.

No necesitamos nuevos reglamentos. Necesitamos uno que se haga cumplir. El problema lo somos todos. Ciclistas en las banquetas, falta de lugares de estacionamientos, las mafias de franeleros y su colusión con la policía, la falta de interés de la policía por aplicarlo, la mala paga a los cuerpos policiacos que los lleva a buscar otras formas de hacerse de ingresos que requieren, el miedo de la policía para sancionar a los más gandallas por temor a que resulten “influyentes” o que terminen involucrando a Derechos Humanos para desquitarse, motociclistas y transportistas circulando por donde les venga la gana. En fin, toda una colección y jungla de criaturas peligrosas.

Al respecto de la solución a estos problemas se ha hablado mucho y siempre polarizada para demeritar a las autoridades. Yo creo está en dos partes. Una mitad, podríamos decir, somos quienes debemos seguir este reglamento, con obligaciones, derechos y responsabilidades. La otra mitad son los encargados de velar por su cumplimiento. Antes de satanizar y reprender a esta última debemos considerar que igualmente somos parte del problema. Importante pero no inmediato; es difícil cambiar toda una cultura de la noche a la mañana. También importante, el contar con una autoridad que haga valer el cumplimiento de la ley. Así, la solución debe venir por ambos lados. Ambas partes son importantes, sin embargo, el cambio debe darse primero para la encargada de velar por su cumplimiento. El hacerlo haría más fácil que la otra mitad entre en razón. Debe ser un cambio con base en la disciplina y cero tolerancia. Creo que puede lograrse en poco tiempo. Si esta no se da, el cambio en la otra mitad no se dará tampoco.

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