Eidos.

Ya con anterioridad he escrito sobre la forma en la que, sin importar los buenos propósitos, procesos y tecnología con los que se trabaja o que se tengan al alcance, son los individuos de una organización quienes dan valor y sentido a lo que ésta produce. La organización por sí misma no es capaz de producir resultados, es el esfuerzo colectivo de sus integrantes lo que lo hace.

Como muchos de esos momentos en los que casualmente las cosas convergen, en algún momento leí una opinión en uno de los blogs de la IEEE Spectrum sobre las confusiones o malas interpretaciones entre lo que es ciencia y lo que es ingeniería (en el entorno de los medios y opinión norteamericanos, aunque no creo diste mucho de lo que es en el contexto de México). A la par de esto, y ya desde hace algo de tiempo, leo cotidianamente muchos tips, sugerencias y consejos sobre el quehacer administrativo que recibo en mi correo por parte de amigos y colegas así como en algunas aplicaciones que tengo instaladas en mi iPhone.

Me llama mucho la atención todo este conocimiento sobre liderazgo, dirección, gestión y buenas prácticas administrativas que hay ya en nuestro mundo y la carencia o desconocimiento de su aplicación en el entorno de mis empleadores (profesional y académico).

Antes de ingresar con mi actual empleador recorrí muchos empleos. Por aburrimiento, cansancio de un clima organizacional, incremento salarial, actualización profesional, cambio de funciones o lo que fuera, cambiaba de empleo fácilmente. Sin las presiones que la soltería le permite a uno para poder esperar y explorar el desenvolvimiento de una carrera en forma desahogada y libre. Mi permanencia en un empleo era de un año en promedio. Aprendí mucho en esa época. Tuve la fortuna de conocer y realizar trabajos en entornos administrativos y de ingeniería, que combinados con mis actividades como profesor de posgrado he podido en mayor o menor medida explorar los aspectos de ingeniería, científicos, administrativos y de negocio relacionados con mi profesión. Tengo ya más de 20 años de actividades profesionales y más de 15 de labor académica, por lo que creo ya poder hablar con experiencia sobre el tema.

En mi preparación profesional tuve varios profesores que mencionaron la delgada y pálida línea que puede haber entre el arte y la ciencia cuando una persona creativa, y hábil puede ejercer una profesión u oficio. Pero, lejos de fomentar, atesorar o cultivar a éstos individuos- o hacer uso de lo que puede aprenderse de su legado -pareciera que nuestra sociedad y organizaciones está enfrascada a su eliminación.

Una obra de arte refleja las percepciones, suposiciones y pretensiones del artista. Todos entienden que una obra de arte es una muy personal expresión de su autor, una expresión de su psique, de su yo, y a pocos realmente importa lo que el autor verdaderamente buscaba transmitir mientras su obra les provoque una emoción o entendimiento. Las emociones placenteras son las favorecidas  aunque las desagradables o de rechazo son valoradas cuando el tema es principalmente una denuncia a un acto o situación contra natura humana. Solo aquellas obras que tratan de mezclar lo que se considera puro y bueno con lo que se considera sucio y malévolo para tratar de llamar la atención son rechazadas sin mayor miramiento.

“Reflexive Architecture”, Keystone Bouchard, 2007.

Sin embargo, una obra de arte no se limita sólo al placer que nos evoca la estética de una creación para el recreo de nuestros sentidos. Una experiencia similar puede ser despertada por la complejidad o la simplicidad tras el ingenio vertido en una obra que busca ampliar nuestro conocimiento.

Un trabajo científico, refleja las limitaciones de los instrumentos, percepciones y conocimientos del investigador. Pocos entienden que los trabajo científicos deben ser una expresión compartida entre una comunidad escéptica, conocedora que no hay una verdad absoluta. Un artista prefiere que su obra no sea reproducida por otros, los científicos buscan que su obra pueda ser reproducida por otros. En la reproducción del trabajo científico yace el valor y prueba de su veracidad.

Hay ciertas cualidades del trabajo científico que vale la pena mencionar:

Evidencia. Ser científico es estar abierto que una proposición pueda ser desaprobada, esto es, demostrada sin lugar a dudas, bajo un conjunto de conocimiento ya valorado y aceptado, que está equivocada. La evidencia científica debe ser probable y relevante para el problema bajo estudio. La teología, religión, creencias y fe no pueden ser probadas como equivocadas. Si no se puede estar abierto a la desaprobación, un trabajo de investigación no puede ser considerado ciencia.

Observación. Karl Popper escribió: “Para buscar un sombrero negro en un cuarto obscuro, se requiere que uno crea que está ahí.”  El cuestionamiento científico parte de la suposición de que las respuestas son accesibles a las mentes humanas y a nuestros sentidos. En un cuestionamiento científico, es la alimentación del investigador la que trae el sentidos humano a sus percepciones y observaciones.

Experimentación. El diseño experimental y las habilidades prácticas (técnicas), como un espíritu tenaz, son requisitos básicos de todo investigador. Las respuestas a los problemas son reveladas cuando se hacen las preguntas adecuadas mediante la adecuada preparación de experimentos que permiten formularlas y conforntarlas con el problemas bajo estudio.

Pruebas de hipótesis. Las hipótesis son preguntas, suposiciones educadas para las que una respuesta debe haber. La naturaleza sólo responde en la forma en que la pregunta es formulada.

Así entonces lo que nace con el arte y nos lleva a la ciencia y lo que se descubre con la ciencia y nos lleva al arte por la maestría o estética con que se realiza termina llevándonos al eidos que como especie definimos con nuestras acciones y por nuestra naturaleza. Por lo que  resulta paradójico y desconcertante  que a pesar de la enorme cantidad de conocimientos que como especie poseemos, en la práctica se utilice sólo una porción de éste. ¿Por qué? Entendemos lo que es un trabajo científico. Entendemos lo que es el arte. En ambos casos valoramos a los individuos capaces de materializar una obra en cualquiera de estos dos términos, entonces, ¿por qué las organizaciones evitan hacer uso de tales talentos?

Mi conclusión es que, desafortunadamente, puestos claves de las organizaciones son ocupados por individuos que, si bien han sabido escalar posiciones para alcanzar uno de estos lugares, son incapaces de reconocer la creatividad, la rigurosidad y la originalidad de ideas que pueden beneficiar a la organización, en su funcionamiento o en lo que ésta produce. Por supuesto, una alternativa más nefasta queda vigente, el que estos individuos, buenos para la grilla y el favoritismo, hábilmente bloqueen los esfuerzos y obras de gente bajo su cargo para evitar ser desplazados por alguien de mayor capacidad.

Por supuesto, hay muchas otras opiniones al respecto. No podemos dejar de lado las que hablan de la incapacidad de los más dotados para poder sobresalir en la grilla y el favoritismo, siendo hábiles para encontrar soluciones a problemas o en crear obras de arte pero no para desenvolverse entre las argucias, mezquindades o codicia del resto de la población. Somos una especia muy compleja, no cabe duda y dentro de nuestro mundo hay sitios en los que la creatividad parece aflorar más que en otros lados.

What is being creative? from Kristian Ulrich Larsen on Vimeo.

Referencias.

1. “The Missing Person In Science. Inquiry Starts with “i”“, Cecily Cannan Selby, Update“, New York Academy of Sciences, May -June 2006, P.10-13. USA.

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