Eidos (2)

Hace ya algo de tiempo, en un tweet, echaba pestes por el trabajo que me estaba costando modificar el programa hecho por otra persona en el que valores de rutas y archivos estaban codificados en lugar de haber sido manejados como parámetros o variables. Un rato después me recordaba a mi mismo que ésta no era ni la primera vez ni el primer trabajo en el que me pasaba esto, así como seguramente no sería tampoco la última vez que me pasaría esto.

Y comencé a seguir una cadena de recuerdos sobre lo que se supone debemos hacer y lo que hacemos.

Hace mucho más tiempo (algunos años ya de hecho), en un comunicado interno del dueño de mi empleador, uno de los CE-algo remarcaba la importancia que las actividades relacionadas con las operaciones de manejo de información y la tecnología en que se soportan tienen para la organización. En dicho comunicado indicaba que casi un tercio de la organización (que a nivel mundial es de unos 260,000 empleados) se encontraba dedicada a este rubro y que, a pesar de ser una compañía de índole financiera, las actividades y productos de las áreas tecnológicas superaban, en algunos casos, a las de compañías cuyo core business era el desarrollo de software.

A pesar de tales afirmaciones, al menos en lo que corresponde a la parte de esta organización que opera en México, hay algo torcido y ha estado así desde hace mucho tiempo. La mayoría de los responsables de las áreas tecnológicas dirán que nuestro core business son los servicios bancarios y financieros y no el desarrollo de software. Lo que es cierto para la organización y no para el área que administran. Lo que es fundamental para poder apreciar la rigurosidad y calidad que deben tener los productos de sus áreas para verdaderamente apoyar el core business de la organización.

En los círculos directivos de mi organización se habla mucho de objetos, componentes, reusabilidad, reingeniería, SaaS y demás “buzzwords” que en ese momento estén de moda. Palabras van, palabras vienen. Hace algunos años, tuve un jefe que cada que entrevistaba a un proveedor le hablaba de la web semántica. En un inicio me pareció algo maravilloso, ya que en aquel entonces no era más que un incipiente tema de estudio sobre las necesidades y posibilidades que se vislumbraban para la WWW.

Sin embargo, después de escuchar el discurso varias veces y de que los esfuerzos del área no estaban ni siquiera orientados a establecer las bases que soportarían tal concepto, caí en cuenta que sólo se trataba de un discurso apantallador pero nada más. Fue entonces que noté la esquizofrenia que padecía la organización, en la que no solo la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda sino que además ninguna de las dos guarda memoria de lo que ellas mismas hicieron condenándose a repetir sus errores y olvidar sus aciertos en un ciclo sin fin.

Hoy nuevamente estoy experimentando una reorganización. Hace 5 años nos organizaron horizontalmente. Cada capa de recursos se encargaría de llevar o interactuar con las capas aledañas y de un proceso. No se tardó mucho en darse cuenta que la idea era sólo un buen propósito y no estaba funcionando, por diversos motivos. Hoy estamos regresando al esquema inicial, uno vertical. Cada quién será responsable de su parte, desde el soporte hasta el entendimiento de requerimientos pasando por lo que se necesita para su desarrollo.

“Relativity”, litografía, M. C. Escher, 1953

Nunca me gustó el esquema pasado, no sólo porque no se cumplió desde un inicio con la prometida liberación de los procesos administrativos sino que la burocracia recrudeció.  Tampoco me gustó porque, quienes estaban encargados de la recolección de solicitudes de cambios y desarrollos, así como los encargados de su materialización, no tenían la experiencia ni conocimientos sobre lo que debían trabajar. En la selección y asignación de puestos y funciones, la gente que poseía el detalle fino y conocimiento vigente de la tecnología e infraestructura de los sistemas de información, fue asignada a la capa de soporte a los servicios y sistemas.

Así que  las capas superiores dieron rienda suelta a sus alucinaciones sobre las soluciones que ofrecerían a los usuarios solicitantes y se ponían a trabajar en ello sólo para darse cuenta después que lo que habían hecho no podía usarse con la tecnología e infraestructura con que se cuenta. Atorones, arreglos al vapor, correcciones sobre la marcha, frustraciones y fricciones es lo que definió mucho de nuestro hacer tecnológico en los últimos tres años.

Estamos regresando nuevamente a ser dueños de todo el proceso. Creo que es bueno pero lo que se buscaba eliminar desde un inicio se mantiene vigente, así que no abrigo muchas esperanza de que todo aquello que percibo como torcido desde hace mucho tiempo pueda ser finalmente arreglado.

No se puede administrar lo que se desconoce. Ese ha sido una de mis máximas por mucho tiempo, que no implica ser un experto en todo pero si el profesionalismo, responsabilidad y dedicación para realmente entender qué es lo que se necesita y cómo debe hacerse. Por alguna razón, mi organización insiste que estoy equivocado, que el proceso creativo, conocimientos y habilidades pueden modularizarse, segmentarse, flotar como un recurso que  puede darse, quitarse y modificarse a voluntad de un administrador. No hace mucho escribí acerca de esto, la organización no entiende aún que el proceso no es el que genera resultados, es la gente que lo lleva a cabo. Un proceso puede ser claro y eficiente pero no es universal. Se requiere de las personas, de su creatividad, sus conocimientos y habilidades para verdaderamente hacer las cosas.

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