De piratería y controles remotos

Hay algunas actitudes que me sacan de quicio, en particular cuando vienen de ciertas personas. Ayer precisamente ocurrió una de ellas. Sin embargo, no es de esto de lo que quiero escribir para esta entrada en el blog, lo que me interesa relatar es lo que hubo detrás de este evento.

En lugar de tratar de describir todo el asunto con una aburrida prosa, creo que lo mejor es reproducir parte del diálogo que se dio. Todo ocurre alrededor de un par de películas rentadas de un Blockbuster cercano ese mismo día (se usa “persona” para identificar al otro personaje en el diálogo; no precisamente para proteger su identidad sino para proteger mi integridad física).


Persona: Ah, y el disco de Batman no sirvió. Mañana le reclamas a los del Blockbuster.
Yo: ¿Por?
Persona: El audio no sirve, solamente está en inglés y con subtítulos.
Yo: ¿No trae audio en español?
Persona: Sí, pero no sirve.
Yo: ¿Cómo? No entiendo…— sin evitar poder pensar que el reproductor ya se amoló o el disco viene mal —¿Como si fuera pirata?— pienso también que a lo mejor este Blockbuster es medio “chueco” y tiene disco “piratones” ; también me alegra haber tocado con la vendedora qué procedía si el disco nomás no funcionaba… vendedora que por cierto parecía estar “en sus días” porque lucía malhumorada y de pocas palabras.
Persona: Tuve que aventarme toda la película leyéndole a los niños los subtítulos— con esa mirada de “me debes”.
Yo: ¡Qué raro…! Bueno, a lo mejor el disco viene mal— pero en mi interior estaba esa vocecita diciéndome que algo no cuadraba.
Persona: ¿Cuánto costó la renta de las película?
Yo: Como $45… no, más, fueron $99 por las 2 que trajimos.
Persona: ¿Ves? Con eso yo hubiera comprado 10 películas.
Yo: Pues sí pero se ven mal, se oyen peor y al final toda la emoción y gusto por ver una película se queda en una mala experiencia.
Persona: Es lo mismo que paso aquí, peor… fue más caro.
Yo: No, no es lo mismo. En primera estos son Blu-Ray.
Persona: Yo puedo cambiar la película si no me gustó.
Yo: Sí, ya lo sé. Tu y tus contactos del bajo mundo… pero, ya ves que luego hasta has cambiado 3 veces la misma película y con cada cambio la cosa sigue igual o peor.
Persona: Pero sólo son $10 pesos.
Yo: Sí pero arriesgas dañar un equipo de más de $5000 por no gastar más de $15 en una película que apenas se ve o se oye, y que al final no quedan ganas de volver a verla.
Persona: El reproducir un disco pirata no va a dañar al equipo.
Yo: Pues no lo sé. Bueno.. sí… para el reproductor si es pirata o legal debe ser lo mismo pero no puedo evitar tener cierto recelo. Igualmente tu no tienes elementos para afirmar lo contrario.
Persona: Bueno, aparte de eso. Es lo mismo.
Yo: No.
Persona: Es lo mismo, pero tu gastaste más dinero.
Yo: También puedo pedir que lo cambien.
Persona: Seguirá siendo más dinero.
Yo: Son Blu-Ray.
Persona: ¿Y?
Yo: Ohhh…. ¿por qué discuto contigo? Por esos criterio mediocres y “poquiteros” …

Y vino el distanciamiento y enojo (a menos de mi parte) obligados para toda discusión en la que te topas con un criterio intransigente. Al final, ¿cómo discutir y convencer a alguien más si se tienen conceptos diferentes sobre lo que se discute y que parece no le interesa apreciar los tuyos (o no los entiende)? Mientras que para la otra parte lo que importa es sólo ver la película. No importa si se ve u oye bien o no, lo importante sólo es ver, enterarse de que trataba la cinta y sólo eso. Para la otra, se trata de observar la película, no sólo seguir la trama. Se trata de una experiencia completa: escuchar bien su banda sonora, fijarse en el más mínimo detalle de fotografía y efectos especiales, es leer todos los créditos buscando conocer algo más. Además está el material adicional que por lo general no incluyen las copias piratas. Sí, el disco original es caro pero algunos productos merecen comprarse cuando así lo valen.

En fin, en esas reflexiones estaba cuando revisando la película en cuestión noté que el reproductor no respondía al tratar de modificar el volumen del audio empleando el control remoto, así como no respondía al tratar de acceder al menú del disco o alguna otra función del reproductor. Claro, había algo desconcertante en este disco, ya que salvo por el aviso antipiratería del FBI, la película arrancaba sin decir “agua va” ni mostrar algún menú inicial. Como si fuera un disco pirata. Unos segundos después caí en cuenta que seguramente alguien apretó alguno de los botones del control remoto que reconfiguran sus funciones para usarlo con otros dispositivos. Bastaba apretar el botón adecuado para nuevamente reconfigurar el control remoto y hacer que el reproductor respondiera adecuadamente y así poder seleccionar los 7 subtítulos y 5 pistas de audio que incluía. Tras lo cual me dispuse a disfrutar la película y el material adicional que incluye como a mi me gusta.

Y no, no es lo mismo.

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