Infraccionar

Gracias a una amiga, que atrajo mi atención a una muy interesante entrada en el blog Redacción sin Dolor de Sandro Cohen, recién leía sobre un mexicanismo, el de infraccionar, que viviendo en la Ciudad de México, su uso y significado me parece de lo más natural. Nunca me habría puesto a considerar su existencia, mucho menos si aparecía o no en el DRAE. Ahora bien, es en este tipo de situaciones en las que no sólo se aprecian las sutilezas del lenguaje sino que también llega uno a percatarse de las del propio proceso de su entendimiento.

Como bien se describe en el citado blog, el significado de la palabra como la entendemos los mexicanos no es mas que un sinónimo para la misma acción de la imposición de una multa, i.e., multar. Al margen de dicha nota, resulta interesante ponerse a pensar sobre el porqué entendemos de esta forma dicha palabra. Como mencionaba al inicio de este post, para nosotros los habitantes de la Ciudad de México, parece natural que infraccionar no sea otra cosa más que el hecho de recibir la correspondiente sanción por cometer una infracción. Pero, ¿de dónde nace o viene dicho entendimiento? ¿Es acaso un conocimiento que nos es transmitido por la generación anterior en algún momento? ¿O es algo que podríamos llegar a obtener de forma innata sin necesidad de recibir ayuda o información adicional?

Los temas de la mente, conocimiento, conciencia y el funcionamiento del cerebro siempre han sido de mi interés. Cuando mis hijos comenzaron a hablar, no pude evitar poner un interés adicional en cómo se daba este proceso en ellos y pensar lo que podría haber detrás. En más de una ocasión no he podido evitar pensar, al ver cuando ellos aprenden una palabra nueva o dominan el correcto uso de una ya conocida, si una nueva conexión sináptica (o un grupo de éstas) se ha desarrollado en sus cerebros o si una conexión (o grupo de éstas) ya existente es modificada en la forma como dejará (o dejarán) pasar los impulsos electroquímicos que por ésta (o éstos) se transmiten. También, dentro de este proceso me ha llamado la atención, no solo al verlo en ellos sino también en otros niños de su misma edad, como de manera natural infieren y usan palabras que no son correctas pero que dentro de su lógica parecen las naturalmente idóneas. Los verbos irregulares son en mejor ejemplo de estos casos. Ellos dicen “quepó”, “pudió”, o “habió” para ser corregidos con el obligado “no se dice así, se dice…” seguido del “cupo”, “pudo” o “hubo”. Cosa que me ha llevado a pensar sobre la “naturalidad” de dichos verbos y el porqué de su irregularidad. No me he puesto a investigar más al respecto. Supongo que por ahí debe haber una razón o explicación al respecto de la que quizás algún día me entere.

Regresando al tema de esta entrada. Cualquiera que escuche la palabra infraccionar automáticamente entenderá que se está hablando sobre la imposición de la obligada sanción por la transgresión de un reglamento, específicamente el de tránsito. Pero, ¿la sola palabra lleva ya toda esta información? ¿Se encuentra así casi libre de su contexto? ¿Y es la palabra o un conocimiento que nosotros ya poseemos sobre el uso o contexto en el que se desenvuelve este término? Y pregunto todo esto porque, como se indica en el blog, y cito: “Uno, por otro lado y de manera natural, podría pensar que infraccionar significa cometer una infracción.” En la mencionada entrada del blog de Sandro Cohen aparece una fotografía donde se muestra los chalecos que portan ciertos policías de tránsito y que los capitalinos estamos acostumbrados a ver. Puede leerse la leyenda “Autorizado para infraccionar” que bajo lo ya mencionado, podría interpretarse como la facultad de la persona que lo porta para no obedecer las disposiciones que un reglamento señalen. Por supuesto esto no es así, y entendemos que a lo que realmente se refiere la autorización es para imponer multas. Pero, ¿por qué lo entendemos así? ¿Es por ese conocimiento previo que he mencionado? ¿Y que pasaría si no contáramos con dicho conocimiento, cabría la posibilidad de entender que su portador tiene “luz verde” para cometer infracciones? Yo creo que sí es posible pero, considero, que por alguna razón nuestro sentido común nos dirá que el otorgar tales facultades a un individuo va contra toda lógica y consideraremos otras posibilidades, llegando incluso a preguntar por el significado antes que asumir se trata de la concesión de facultades  especiales para con un individuo.

Complementando lo ya mencionado por Sandro Cohen, habría que mencionar que el término infraccionar parece también ligado exclusivamente a las acciones de sanción en las transgresiones del reglamento de tránsito. Ya que si bien se menciona que es un sinónimo de multar, no recuerdo haber visto este término aplicado por otras autoridades con capacidad de imponer multas. Por ejemplo, el SAT siempre habla y escribe de multas, no de infracciones. Si este término ha de ser incluído en algún diccionario deberá indicarse, salvo demostración de lo contrario, que en México es empleado para referirse exclusivamente a acciones de sanción por infracción de los reglamentos relacionados con el control del tránsito vehicular.

2 comentarios en “Infraccionar

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