De planetas y el cosmos (3)

La monstruosidad de Júpiter es algo difícil de concebir. Cuando las cifras aparecen nos damos una idea del tamaño de este planeta, cuya masa es dos veces y media la de todos los demás planetas de nuestro sistema solar juntos. Sin embargo, las cifras y datos de este planeta sólo son cosas que nuestra mente cuantitativa interpreta sin que nuestros sentidos puedan apreciar lo que éstos indican. Únicamente estando ahí, frente a este mundo, nuestros sentidos podrían experimentar lo que nuestra mente entiende, algo que por el momento sólo las sondas no tripuladas que han explorado los gigantes que orbitan más allá del cinturón de asteroides han podido “vivir”.

Estas sondas, en un viaje que dura años, comienzan a “ver”, desde una distancia considerable, el planeta y sus rasgos más sobresalientes, como la Gran Mancha Roja.

Cuanto más se acercan, más detalles empiezan a ser visibles. Algunos satélites (y la actividad) en algunos de éstos comienzan a verse.

Al acercarse más, el sistema joviano se torna más visible.Y así, conforme más se acercan, la obscuridad del espacio va siendo reemplazada por nubes naranjas, marrones, cafés, rojas y blancas.

Poco a poco, con cada instante el espacio es reemplazado por la presencia de Jupiter.

Pero, ¿cómo será ver a este planeta desde una de sus lunas? ¿Cómo será el verlo aparecer por el horizonte? ¿Qué será ser una mota de polvo orbitando a este coloso?

Ls fotografías de algunas lunas jovianas alrededor a este mundo dan cuenta de su inmensidad, como aquí, que vemos a Io y su sombra sobre las nubes de Júpiter.

Podemos imaginar entonces que, desde la cara que mira a Júpìter, …

… no hay otra cosa que ver más que un interminable mar de nubes por encima y que se extiende por la distancia, dejando quizás un hueco por el horizonte, en donde puede verse la negrura del espacio y que recordará al observador que hay algo aún mayor que la inmensidad de nubes que ve sobre su cabeza y que no pertenecen al mundo desde el que observa.

Entonces así, y sólo entonces, podremos darnos una cuenta de lo que las verdaderas cifras representan y de lo que podría significar orbitar un monstruo mil veces más grande, …

… en el que tan sólo su mayor tormenta, dos o tres veces mayor que un planeta como la tierra, …

… es  como un enorme ojo que nos observa, que nos vigila, …

… y pacientemente, durante centurias, tan sólo aguarda para devorarnos.

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