De cultura e infraestructura vial (4)

ElFer, Excelsior, 2013.04.11Para el caso de la nota que ha motivado esta entrada en el blog, la verdad, todos estamos conscientes de lo malo que está, en general, el señalamiento vial. Es un problema con muchas aristas: tendemos a ignorar el señalamiento porque, una vez aprendido nuestro camino, lo seguimos ciegamente; tendemos a ignorar el señalamiento vial porque sabemos que en muchos casos está obsoleto, equivocado o ilegible (tapado por publicidad, sucio, doblado, deteriorado, alterado, vandalizado, oculto); tendemos a ignorar el señalamiento vial porque el no hacerlo no nos presupone una sanción (y ya no tanto porque no nos vayan a atrapar en la maniobra sino porque haya un “poli” que se tome la molestia de actuar); tendemos a ignorar el señalamiento porque se contrapone con el reglamento vial o el sentido común (aunque sinceramente creo que estas dos causas no son muy frecuentes, tanto porque el primero lo desconocemos y el segundo no es muy común, aunque concedo que los reglamentos parecen ser “hechos con las patas”).

A pesar de esto, todos sabemos la importancia de los señalamientos viales, especialmente quienes viajan fuera de su entorno cotidiano, y más quienes hemos tenido la oportunidad de manejar en el extranjero. Dentro de mis rutas diarias hay muchos puntos en los que la circulación vial o peatonal no está señalizada y no puedo evitar pensar que haría o que pensaría un extranjero al llegar a dicho punto, con el riesgo de causar o sufrir un accidente. ¿Cómo podría saber lo que los capitalinos hacemos en dicho punto? Ya me a tocado ver uno que otro auto con placas de provincia (y alguno que otro “defeño perdido”) efectuando una maniobra o invadiendo un carril que de aparecer otro auto… un choque es muy probable.

Recuerdo el caso de un extranjero que fue atropellado y perdió la vida; hará unos 3 ó 4 años de eso. Cruzó la calle al ver la luz roja sin considerar siquiera a los vehículos. Un compañero de trabajo comentó la noticia diciendo “¡Qué tondo! Esto es México, no te cruzas hasta ver que los vehículos se detienen.” En esta frase se concentra toda nuestra cultura vial: las leyes y reglamentos son inútiles, sólo las leyes físicas perduran.

Gregorio, Excelsior, sección Nacional, pág. 11, 2013.10.17,

Fuera de mover la cabeza, maldecir o enojarnos, pocos hacen algo. No me incluyo. Tampoco me justifico. Quienes no hacemos algo al respecto sólo nos queda la atenuante que todos aquellos bienintencionados seguramente desconocen: además de luchar contra una infinidad de obstáculos para poder presentar una queja apropiadamente ante una autoridad (cuyos actores se sienten privilegiados y sólo atienden aquello que parece es digno de su atención), a lo que hay que invertirle tiempo y dinero (aunque digan que muchos trámites son gratuitos, hay un costo de inherente ya de entrada por el tiempo que se le dedica a ello), resulta frustrante y desalentador el enorme tiempo que se requiere ver pasar para observar un resultado (y eso en el mejor de los casos ya que es mucho más probable que la queja quede en el olvido por inacción de la autoridad o sus ejecutores). Ya alguna vez escribí de la mala fama y desdén que la policía capitalina se ha granjeado ella misma de quienes vivimos en la capital, que creo es extensible para todo aquello que lleve la etiqueta “gobierno“.

Antes que nada, antes de llevar a cabo cualquier intento por poner orden en esta ciudad, es necesario que haya un elemento de control que se encargue de cuidar que todo ese esfuerzo llegue a cumplir el objetivo para el cual ha sido formulado. Sin esto no hay razón de ser. Si no hay algo o alguien que se encargue de cuidar que se cumplan todas aquellas reglas que se han fijado y todas aquellas acciones que se han vislumbrado para tratar de hacer que algo funcione de una determinada forma (para brindar seguridad— evitar accidentes, cuidar la integridad física y la propiedad de sus individuos —, así como dar orden— proporcionar un trato justo y las mismas oportunidades de uso de y circulación por los espacio públicos), al final regresaremos a las mismas conductas de las que actualmente nos quejamos.

Desafortunadamente, el elemento de vigilancia que nuestro sistema social ha establecido son los departamentos policíacos, que hemos visto están rebasados en muchas formas. La incapacidad derivada los ha llevado a ser corrompidos desde dentro o afuera, y a volverse flojos e indolentes. Hemos visto que administración tras administración, a estos departamentos se les aplican purgas y reorganizaciones. Aunque han habido cambios, no parecen ser efectivos y llegan demasiado tarde. Más que una falta de sincronía es un anacronismo. Los organismos de seguridad pública van muy por detrás del avance social.

Actualización sobre el tema (2015.04.04)

Un artículo en el Excelsior da cuenta de lo confuso que pueden resultar el señalamiento vial1, reforzando lo escrito en esta entrada

Referencias

  1. Francisco Pazos, “Señales que Confunden,” Excelsior, sección Comunidad, pág. 5, México, D.F., 2014.04.04. URL: http://www.excelsior.com.mx/periodico/flip-comunidad/04-04-2015/portada.pdf.

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