De cultura e infraestructura vial (10)

Bueno, una vez expuestas las ideas en torno a la problemática generacional, pasemos a algunos detalles sueltos (que pueden ser cubiertos en corto, mediano y largo plazo). De estos, creo que el primero y principal, sin el cual cualquier otro esfuerzo no funcionará, es  el de la vigilancia y supervisión. A pesar de que aqué se aborden en un determinado orden o se implíque una secuencia de atención, muchos de estos pueden darse en forma simultánea.

Creo que no hay mejor punto de inicio. Se trata del principal aliciente del círculo vicioso. Podemos imaginar muchas soluciones; muchas de ellas requerirán reglamentación. Para muchas otras ya existe una reglamentación pero sabemos que no se obedece y por tanto el problema persiste. Así, para las primeras, ninguna solución habrá, ninguna esperanza de solución existirá, mientras no haya una obligación de seguimiento y respeto a éstas.

Claro que hablar de seguimiento y respeto es hablar de un buen propósito. Para una sociedad ya viciada la única alternativa es premio y castigo.

Veamos el caso de la señalización. Además del ordenamiento, adecuación y mantenimiento de la señalización vial, es necesario tener en consideración su cumplimiento. Si uno piensa que por el hecho de anunciar y promocionar la existencia del reglamento de tránsito (nuevo o no), la población lo va a seguir, creo conveniente decir que se está viviendo en un mundo de fantasía. No, no es así tan fácil.

No quiero decir que nadie lo siga y todo sea anarquía y caos. Hay un cierto orden que prevalece, pero no a plenitud como el reglamente señala. ¿Qué tanto del reglamento de tránsito se obedece? ¿80%? ¿90%? ¿50%? ¿20%? Pregunta interesante para la que no tengo respuesta y para la que me gustaría saber si habrá algún estudio al respecto. Lo que si creo es que, en general, la gente tiende a seguir en cierta medida las disposiciones de ordenamiento que existan. Aunque quizás lo que sigue es su sentido común y por énde muchas de las disposiciones que están así alineadas sean las que se obedezcan implícitamente.

El interés por concor el reglamento de tránsito y la cantidad de disposiciones que se sigan dependerá, creo yo, de la cultura detrás del individuo (compuesta por su educación personal, de la comunidad donde creció, de la influencia y formación por parte del estado). A esto se le contrapondrá un cierto nivel de energía dedicada a esto; existe una cantidad mínima de energía que el individuo está dispuesto a invertir en el seguimiento de estas disposiciones (no sé que tanto tendrá que ver con su nivel cultural).

Siguiendo un principio que llamaremos de mínima energía, y que es o que al final hace que la sociedad tienda a un determinado nivel de organización (como un sistema autoorganizable), veremos que la gente tiende a realizar todo aquello que le suponga el menor esfuerzo posible. Comúnmente le llamamos flojera.

Actualización sobre el tema (2015.04.04)

Un artículo en el Excelsior da cuenta de lo confuso que pueden resultar el señalamiento vial1, reforzando lo escrito en esta entrada

Referencias

  1. Francisco Pazos, “Señales que Confunden,” Excelsior, sección Comunidad, pág. 5, México, D.F., 2014.04.04. URL: http://www.excelsior.com.mx/periodico/flip-comunidad/04-04-2015/portada.pdf.

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