De cultura e infraestructura vial (16)

El el post previo escribía sobre la ceguera (o ilusiones) que los políticos tienen al respecto de los reglamentos. Esta “ceguera por reglamentos” es por la idea que persiste en ellos al creer que por la promulgación de una ley p norma el problema se arregla. La solución (o arreglo) llegará sólo hasta que las acciones que son reguladas por un ordenamiento se apliquen y se dé el tiempo apropiado para que surtan efecto. En dicha entrada reflexionaba que regresábamos al problema cultural.

Obviamente la “ceguera por reglamentos” y la “ceguera por planificación” se da entre políticos y administradores, ¿por qué? Porque es lo único que son capaces de producir y si hay algo más lo que éstos pudieran tener hambre es de su necesidad de justificar su empleo y existencia.

Y todos empujan

No tenemos una cultura donde la promulgación de un reglamento marque una diferencia de acciones en la sociedad. Ni siquiera contamos con una sociedad en donde su órgano rector para el seguimiento de un reglamento de tránsito (la policía) cumpla con su labor. Por el contrario, estamos en un punto en el que podemos decir que cualquier reglamentación es buena mientras se aplique y sancione su omisión.

Pero bueno, dejemos lo anterior y asumamos que su aplicación y obediencia no serán problema. Dejemos el aspecto cultural. Con el riesgo de escribir sin haber visto al “nuevo” reglamento o reglamentaciones que se dicen y esperan publiquen. Preguntémonos algo, ¿las reglamentaciones estarán acorde con la realidad física en la que nos desenvolvemos? Y no me refiero a que si están o no de acuerdo con un mundo con tres dimensiones físicas (aunque uno puede siempre esperar la “puntada” de un legislador que, sólo porque leyó algo en el “Muy Interesante”  o “Quo” sobre hipercubos, trate de incluir alguna cláusula sobre vialidades de más de tres dimensiones), me refiero a que haya una congruencia con lo que se cuenta para permitir el flujo vehícular en la Ciudad de México y lo que se puede idealizar al respecto.

Por ejemplo, seguramente los legisladores entendieron que las vías primarias deben ser agilizadas. Evitando que vehículos lentos (camiones de carga, servicio público de pasaje) transiten por ellas. Suena lógico, ¿no? Similarmente, con el fin de lograr lo anterior, quizás establecerían evitar  las vueltas a la izquierda en vías primarias. Esto último quizás llevaría a  que se suprimieran algunas salidas de avenidas y a obligar a conductores a tomar una calle aledaña para poder cruzar la vía primaria (esas famosas “maniobras de trébol”). También suena lógico.

Trebol en carretreras

El principal problema aquí es que en muchos de estos casos no hay un estudio detrás que sustente esta decisiones. Muchas son tomadas por opinión o “sentimiento”. Ni siquiera hay un razonamiento en muchas de éstas que sustenten las decisiones tomadas (se supone y dicen que los hay pero no se nota). Como escribía al inicio, el problema con los legisladores es que su único producto es la ley y no consideran el no es hasta que logran un cambio social o cultural que logran producir algo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s