El desprecio a la ciencia

Leía el domingo pasado un editorial en el que el físico Enrique Garcia y García1, con motivo de un proyecto de ley en temas hídricos, expone el desprecio que éste percibe por los políticos hacia los científicos. No podría estar más de acuerdo con sus comentarios pero considero que esto no se limita al terreno político y quiero ampliar esos comentarios en mi espacio.

En el plano profesional, particularmente el de productos y servicios comerciales yo también he percibido este mismo desdén o desprecio que, en este ámbito, se extiende hacia la ciencia en sí. En mi experiencia profesional de casi 30 años en el área de la informática y computación, pocas han sido las gratas experiencias de conocer y trabajar con gente profesional o consumidores que abordan las actividades del área con la adecuada actitud del conocimiento que gozamos en el siglo XXI.

La mayoría de la gente entiende y aprecia hoy más que nunca, la importancia y el papel de la ciencia en nuestra cultura pero paradójicamente, pese a todos esos entusiastas, divulgadores y científicos en formación, pareciera que ciencia y científicos son algo que no produce dinero, que es algo tardado, que es algo demasiado complicado y que lo único práctico es abordar de manera improvisada, empírica y con percepciones subjetivas los problemas, importando el encontrar la solución más no el cómo ni el porqué.

Al ser profesionista, profesor de maestría y estudiante de doctorado he tenido oportunidad de percibir diversos aspectos de este tema. Por ejemplo, en la institución en la que estudio y realizo mi actividad docente, hay una política de tintes discriminatorios o elitistas en los que sólo pueden aceptarse a personal que reuna ciertas características laborales para poder participar en proyectos de investigación (y qué decir de beneficios laborales y crecimiento profesional y académico). Por supuesto que la participación exige un adecuado nivel de productividad (que por cierto se limita a publicaciones, participaciones en congresos, o en acreditados proyectos de investigación haciendo a un lado a la ciencia aplicada). Mientras que las exigencias de productividad son aceptables, más para cualquier persona que guste de hacer ciencia, y de que muchos podrán reunir este nivel productivo, al final se les excluye de poder aportar sus habilidades y experiencia, así como enriquecerlas de otros, simplemente porque no cuentan con una determinada cantidad de horas laborales, puesto y determinada antigüedad.

Similarmente, las academias se esfuerzan en tratar de transmitir el más riguroso conocimiento científico y deben en muchas ocasiones hacer a un lado el aspecto aplicativo, incrementando la eterna brecha de la teoría y la praxis. Posteriormente se preocuparán del porqué sus egresados no encuentran una rápida integración a la vida productiva y creerán que se debe a que no se les da la suficiente formación científica de vanguardia incrementando la carga académica  en temas que distan mucho de lo que el contexto profesional verdaderamente requiere, entrando en un círculo vicioso.

Mi opinión es que no tenemos una adecuada cultura y formación científica y balance con la vida tecnológica de nuestra era. A pesar de los años de escuela que muchos profesionistas debieron cursar, al final “cuentan con los dedos” y actúan por intuición o percepciones. Siendo un problema que ya ha venido gestándose desde hace tiempo,  muchas personas han escalado puesto

Curiosamente los científicos también llegan a poner su granito de arena en el asunto. Recientemente he tenido de conocer a un gran número de investigadores en mi campo. Para muchos el papel de un científico debe ser sin fines de lucro, con toda la extensión de la palabra. Cobrar o buscar beneficios económicos por su trabajo de investigación pareciera atentar contra lo que ellos consideran ciencia. Para ellos la verdadera ciencia está en el descubrimiento y en el acrecentar el conocimiento de manera desinteresada. No digo que no sea loable pero de aire uno no puede vivir. Tampoco digo que todo conocimiento deba tratarse como secreto industrial y explotarse para beneficio propio pero creo que nos falta una adecuada cultura económica científica que permita el adecuado crecimiento científico con la calidad de vida de un científico.

Referencias

  1. Enrique García García, “,Ciencia… ¿y los científicos?,Excelsior, sección Nacional, pág. 17, México, D.F.; 2015.04.19. URL: http://www.excelsior.com.mx/periodico/flip-nacional/19-04-2015/portada.pdf.
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