Tribulaciones paternas

Dentro de lo que llamamos “educar a los hijos” está el enseñarles la responsabilidad de cumplir con sus obligaciones y responsabilidades (valga la redundancia) que poco a poco van adquiriendo. Disciplina y responsabilidad antes de derechos, digo yo. Esta era tan tolerante y de derechos, digo yo, ha dado lugar a cierto libertinaje y poca creencia en la autoridad, leyes y sanciones. Y no es que sea mala la tolerancia, ni que se haya concedido demasiado espacio a muchos derechos y que éstos abunden más a como vivimos nuestra infancia (los que ahora somos padres) y a como la vivieron nuestros padres. Simplemente que me da la impresión que México ha seguido un “método montessori” desde nuestra generación y eso ha acarreado muchos de los problemas de hoy día.

Pero bueno, a veces el ejercicio de la paternidad toma giros extraños y parece que uno se castiga a sí mismo. Creo que en parte así es. Quiero decir que uno castiga a los hijos para que estos sigan cierto rumbo, que no cometan los errores que uno ha cometido, que aprendan lo que uno ha aprendido (o estén preparados para hacerlo). Y, aunque uno a veces se hace de “la vista gorda” con los castigos con los que uno amenaza, la regla debe ser: castigo avisado, castigo efectivo si no se cumple lo prometido.

Amenacé con un castigo de una semana si un miembro de la familia no cumplía con una actividad encomendada, después de repetidas peticiones de entendimiento y advertencias. A pesar de que otros miembros de la familia estaban al tanto de la advertencia, interferían indolentemente en su cumplimiento. Por lo que se advirtió que el castigo se extendería a ellos si por su descuidad actitud debía aplicarse el castigo. A pesar de ello, la interferencia continuó. Al final no se cumplió con lo encomendado.

Ciertamente era responsabilidad del primero velar por cumplir con su compromiso por lo que creo justo que es injusto culparlo totalmente por su incumplimiento, hubo cierta injerencia externa ello. Si fuera un castigo menor, hacerse “de la vista gorda” hubiera sido aceptable pero la necesidad de hacerle entender su responsabilidad obligaba a que la sentencia se ejecute, a todos.

Ahora, debo sancionar a toda la familia, en el día previo al Día del Padre, dos días antes del cumpleaños de uno de ellos. Ya hay miradas de enojo. No será una semana fácil.

 

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