De cultura e infraestructura vial (34)

En la entrada anterior me encontraba escribiendo sobre los conductores. Por supuesto que hay mucho que podría comentarse al respecto pero creo que lo más importante ya fue mencionado y, habiendo mencionado el caso del transporte público, creo que es un buen momento para pasar al caso de los taxistas.

Alguna vez escribí que los taxistas deberían ser un ejemplo a seguir de buen comportamiento vial. Sabemos que es todo lo contrario. Para quienes vivimos en la CDMX, vemos al taxista como un individuo que fue incapaz de encontrar un mejor empleo, por lo que no nos sorprende que no obedezca las más elementales normas de convivencia urbana, menos el que obedezca un reglamento.

Pero debemos entender también que la ciudad los ha vuelto como son. Ya he mencionado que el reglamento vial debe estar acorde con la realidad urbana y los taxistas son la primera víctima de ello. Me ha tocado atestiguar como policías de tránsito buscaban infraccionar a taxistas que se detienen a dejar pasaje sobre los carriles confinados. Es obvio que si el cliente de un taxi buscará que éste lo deje frente o a pocos metros de donde acude. Resulta fantasioso pensar que el pasajero pedirá al taxista lo debe en otra calle sólo porque frente a su parada hay un carril confinado de transporte público. Si el taxista lo intentara seguro que el cliente le arma un escándalo pensando que lo va a secuestrar o asaltar. Me ha tocado ver como agentes de tránsito sacan provecho porque el taxista decidió subirse a la banqueta para no entorpecer el paso del trolebús o como detienen a un taxista por “circular en el carril confinado” después de dejar pasaje.

Me ha tocado ver también como de forma indolente y desvergonzada los taxistas se paran donde les vienen en gana (a mitad de la calle, en vías rápidas, frente a salidas de estacionamiento aún viendo que hay autos haciendo uso de éstas) y ahí sí, los de tránsito “ni pío dicen”.

Por supuesto que uno podría pensar que una posible solución podrían ser crear bahías de ascenso y descenso. Claro, la idea no es nueva, existen pero no se usan y las razones son variadas:

a) Han sido invadidas por el ambulantaje.

b) Han sido sobrepasadas.

c) Autos particulares hacen uso de ellas.

d) Una vez adentro cuesta mucho trabajo salir de ellas.

Es necesario que se reglamente el respeto de éstas y que dicha reglamentación, breve y concisamente figure en estos lugares (por ejemplo señalando que son de uso exclusivo del transporte público, que el vehículo no puede permanecer más de lo que el pasaje suba o baje de éste, que debe darse prioridad a la entrada y salida de éstas). Y, por supuesto, debería haber un policía (o una cámara) en el sitio para generar la infracción correspondiente.

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