De perros y dueños

El pasado fin de semana me tocó ver a un persona que paseaba dos perros “greñitas” por las calles de la colonia Roma. Ambos perros sin correa. Delante de ellos, esperando en una esquina estaba un globero, un hombre de edad mayor, que esperaba el paso para cruzar. Uno de los perros, seguramente atraído por los globos, se adelantó y comenzó a ladrarle al globero, los globos o ambos (imposible saber que pasaba por la mente del can). Instintivamente el globero reaccionó moviendo los globos para mantener el perro a raya. El globero buscó si el perro tendría dueño y rápidamente ubicó a la persona que señalo. Estoy seguro que ambos intercambiaron miradas y es imposible que el dueño del animal no viera la agresión de su mascota al vendedor; a pesar de ello, el dueño no hizo nada por controlar a su mascota. Ni un llamado de atención, ni un intento porque evitara que el animal pudiera llevar las cosas más lejos, quién ya estaba algo azuzado por los intentos del globero de hacer que se retirará, tanto por protección de su mercancía como de su integridad. El dueño del animal continuó su paso, dejando que el perro siguiera amenazando al globero, quién por respeto a la persona (creo) evitaba acciones mayores para alejar al can. No fue hasta que el dueño del perro se alejó lo suficiente que el perro decidió continuar su camino.

Hay varias cosas en esto que relato. Creo que la primera y más preocupante es el desprecio por la integridad física y de las posesiones que el dueño del perro evidenció hacia el globero. De la misma forma que vemos a los dueños de perros dejar que éstos vayan detrás de aves, ardillas o gatos, esta persona dejó que su perro amenazara (quizás el agredido me diría “atacara”, y yo le concedería la corrección) al globero, como si no se tratara de otra persona sino de un ser vivo de menor clase o categoría al que no importaba que le pudiera hacer el perro. Lo siguiente sería la falta de civilidad de esta persona y por último el desprecio o desconocimiento por la ley vigente.

La “LEY DE PROTECCIÓN A LOS ANIMALES DEL DISTRITO FEDERAL” publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 26 de Febrero de 2002″ señala en su artículo 30:

Toda persona propietaria, poseedora o encargada de un perro está obligado a colocarle una correa al transitar con él en la vía pública. Otras mascotas deberán transitar sujetadas o transportadas apropiadamente de acuerdo a su especie. Los propietarios de cualquier animal tienen la responsabilidad de los daños (sic) que le ocasione a terceros y de los perjuicios que ocasione, si lo abandona o permite que transiten libremente en la vía pública.

Donde por cierto pareciera que falta la palabra “resarcir” donde dice “responsabilidad de los daños”, pero creo que el mensaje es claro. Una lectura y reflexión indica que se responsabiliza al dueño de los daños que su animal cause pero creo que es importante señalar que la responsabilidad implica la reparación de los destrozos. En el artículo 62 se indica que los juzgados cívicos serán competentes para las sanciones correspondientes y en el artículo 65, párrafo III, inciso c, la sanción por la falta del artículo citado anteriormente.

Un perro es un perro. No es un ser racional. No importa cuan “entendido” pueda ser. Con un perro no se puede dialogar sobre derechos, civilidad y buenas costumbres; sobre aquello que sea bueno o malo. Un perro actúa por instinto y condicionamiento. Si no hace algo es porque no quiere o porque ha sido acondicionado a que si lo hace hay un castigo. No lo hace porque el perro entienda que es malo y que afecta a un tercero transgrediendo los derechos de dicho tercero. Tampoco puede saberse cuándo éste (el perro) pensará que la integridad física de su amo y la propia se verán amenazada para que ataque.

Pero, pese a que esto esté reglamentado y previsto en la ley para evitar que una desgracia pueda pasar y permitir la sana convivencia de las personas, existe el sentido común y sentido de civilidad que todos quienes aspiramos a ser ciudadanos respetables debemos profesar. En ese sentido, ¿cómo puede una persona pasear y dejar que su mascota importune o amenace lo que quiera? Cualquier persona, como se nos enseña es el espíritu de la ley, sin importar sexo, ocupación ni condición social, tiene derechos y obligaciones. Transitar por la vía pública con la seguridad de no ser agredido o sus posesiones amenazadas es uno de esos derechos que están antes de los derechos de un animal.

Hay mucho alboroto y movimientos actualmente por los derechos de los animales, su cuidado y el evitar la crueldad hacia ellos. Pero un animal es un animal y no se les está concediendo la ciudadanía. Los humanos somos responsables de su cuidado y de su comportamiento. Sí, debemos evitar maltratos innecesarios y garantizar un buen cuidado, sin importar si son animales de compañía o bajo cualquier otra condición. Lo hacemos porque hemos madurado y entendemos que como seres humanos es lo correcto pero dudo mucho que esto se logre mientras entre nuestra misma especie no nos tratemos con un respeto recíproco.

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