De dinero, profesiones, empleos y formaciones (2)

Continuando con las reflexiones y recuento de lo que el 2015  me dejó, no hace mucho leía algo relacionado al tema del emprendimiento1 y que no podía dejar pasar sin mencionar. Estoy seguro que todos habremos vivido de lo que voy a hablar y de que lo hemos notado de alguna manera. Escribo sobre ello porque particularmente en este 2015 me tocó en más de… una decena de ocasiones poder comparar y apreciar aquello de lo que voy a escribir. Algunos podrán decir que no es una cantidad inusual, considerando que todos los meses debemos vérnoslas con el pago y cumplimiento de obligaciones para con el gobierno y que diariamente nos vemos la cara con servicios comerciales particulares pero situaciones en los que ambos participan para resolver un problema no es muy común.

Bueno, para empezar diré que el texto al que hago referencia1 se menciona la poca efectividad que ha tenido el “Instituto Nacional del Emprendedor” (INADEM), creado en la actual administración del presidente en turno, y sobre la que se resalta:

  1. Actuación intervencionista en todos los aspectos del proceso de emprendimiento.
  2. Un proceder lento.
  3. Sin información de sus resultados.
  4. Una actuación “protagónica” o “mediática”.

Nada raro para algo que tenga que ver con el gobierno y cuestiones políticas pero sale a colación por lo paradójico que resulta por el propósito del organismo.

Siempre he escrito que “no se trata de los procesos sino de las personas.” Yo me pregunto si los participantes de este “instituto” fueron seleccionados como para cualquier otra dependencia gubernamental y si alguno contará con un conocimiento preciso o experiencia práctica en el terreno del emprendimiento y las “start ups“. Al leer el texto, no me extrañó saber de “un proceder lento.” El actuar del gobierno así es. La gente que trabaja en el gobierno está acostumbrada a trabajar por horarios que deben ser cumplidos mas que por las metas a ser logradas. Trabajar en el gobierno implica apegarse a un proceso burocrático.

Es muy diferente la mentalidad de alguien trabajando en la iniciativa privada (IP) a la de alguien trabajando para el gobierno. Para quienes trabajan en la IP, la idea del despido por incumplimiento (por fracaso o desidia) de sus funciones siempre está presente, pero también la de una remuneración adicional por un esfuerzo extra y la realización de un buen trabajo (ascensos, bonos, PTU). De una u otra forma hay un temor o aliciente para hacer un buen trabajo y que no haya quejas de uno.

En la administración pública las cosas no son así. El despido es algo improbable, llega a pasar pero es raro. Los bonos son algo “obligado” y ya están pactados con anticipación. Igual que el salario que un trabajador estatal percibe; mientras haya cumplido con su jornada laboral lo obtendrá, así lo mismo con sus “bonos”. Así, la gente en las dependencias de gobierno está muy amañada o encasilladas en un proceso, el cual no pueden o no quieren cambiar.

Mientras las cosas funcionen como se suponen deban funcionar no habrá mayor problema pero en cuanto aparece un problema (peor si es una situación no considerada) es cuando se nota la diferencia entre gobierno e IP. En el caso de los servicios gubernamentales, una solicitud de ayuda a un problema o a algo que no esté contemplado en el proceso, implica que uno iniciará un tortuoso camino donde uno será encaminado a alguna otra área , donde en cada paso será necesario explicar el problema, ser objeto de un ceño fruncido y ser dirigido nuevamente con alguien más donde se repetirá la escena. Al final es casi seguro que uno terminará con un “no tenemos ni el personal ni el tiempo (ni la capacitación, a veces parece que piensan decir) para atender lo que nos pide”  (aún a sabiendas de que lo que uno pide es la solución al problema y que es completamente legal y válido, y es factible de lograrse), sin importar si alrededor hay mucha gente “rascándose la panza”.  Finalmente debe sólo cumplirse con lo que está establecido, cualquier cosa adicional no puede hacerse. Personalmente creo que es por el aspecto burocrático, es decir, cumplir con un proceso en el que todo está debidamente reglamentado, dejando evidencia del actuar y éste regulado por funciones y atribuciones del cargo.

En la iniciativa privada no es así. De entrada hay una mayor iniciativa por parte de los empleado por resolver el problema, no tanto por cumplir con los procesos (cierto, a veces se vuelve más en un “lo que vale es el fin, no importan lo medios”, y que no necesariamente es bueno en todas las ocasiones). Los procesos, atribuciones y funciones se ven más como una guía general, no una forma de vida que haya que honrar.

Así, este año me toco vivir una inusual cantidad de situaciones en las que la IP y el gobierno estaban involucrados en una transacción en la que algo falló o se necesitaba algo más de lo que el proceso establecido proporcionaba. En la gran mayoría de estas situaciones, el lado gubernamental era el primer punto de contacto que requería o con quien debería solicitarse ese “algo” adicional (un comprobante, un RFC, una línea de captura, una factura). En ninguna de estas situaciones pudo obtenerse lo buscado. Siempre terminaba con el “no tenemos ni el personal ni el tiempo…” aunque uno viera una fila de escritorios donde la gente jugaba con su celular, estuviera comiendo, platicando con su vecino de escritorio, con la mirada perdida en el techo o acomodando su cajón. Sin embargo, al exponer el problema al lado comercial involucrado, sin que necesariamente fuera su obligación proporcionar lo solicitado, había una respuesta diferente. Siempre la reacción inicial por ver qué podía hacerse, antes que un ceño fruncido por un “¿me toca a mí?”. Invariablemente una solución rápida al problema.

Así, al leer que hay una respuesta tardía a lo que el entorno requiere no me sorprende. Y debe uno preguntarse si realmente el gobierno debe meterse en asuntos en los que se requiere rapidez.

Referencias

  1. Juan Manuel Llera Blanco, “Trabas al emprendimiento“, Publimetro, página 16, Ciudad de México, 2015.11.30. URL: http://issuu.com/publimetro_mexico/docs/20151130_mx_publimetro.

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