De albañiles y albañilería

La semana pasada un tweet llamó mi atención inmediatamente

no sólo por el hecho de que la UNAM fuese mencionada sino además también por que estuviera involucrada un oficio menospreciado por muchos.

Aunque no puedo asegurarlo por supuesto, creo que muchos estarán de acuerdo en que la percepción general de la población (salvo los albañiles, seguramente) sobre la albañilería es muy cercana a la de la “última opción” de tener una fuente de ingresos, por medio de una actividad y oficio legal, quizás a la par de un barrendero y todavía después a la del ambulantaje. Si bien se caracteriza a los practicantes de este oficio como gente de origen humilde y sin preparación, que esencialmente venden su fuerza física en un empleo que no les demande algo más, parece extraño que se busque implementar un programa de certificación o profesionalización que al final sólo generará albañiles más caros.

Nuevas tecnologías y materiales aparecen por doquier y la construcción no es la excepción. Si bien es posible que se requiera de gente preparada para saber usar dichos materiales (independientemente de una superación personal y profesional), no creo que esto pueda dar lugar a una revalorización de la profesión. Existe mucha demanda de empleo en el sector de la construcción y los albañiles son los más bajos en el escalafón. Los contratistas siempre buscarán la mano de obra barata con el fin de minimizar costos. Por el momento, mientras no exista la demanda de mano de obra calificada, la tarifa de paga general vigente en el mercado será la que predomine.

Algo similar ocurre en la industria de la informática y la computación. En términos de programadores y analistas, existe un excedente de oferta laboral gracias a las diversas carreras ofrecidas por universidades, escuelas comerciales e institutos tecnológicos. El ser un programador ya no es la lucrativa profesión que fue hace hace 20 años pero se mantiene relativamente competitiva en salarios gracias a la crecuiente demanda de habilidades de desarrollo y uso de software en todos los lugares donde hay activos informáticos, que prácticamente es en todas partes.

En las últimas dos décadas, que se consolidó el desarrollo de productos y servicios de software y sistemas de información como una industria per se, se gestó el término  y apelativo de “arquitecto” para denotar a la persona y cargo dedicado a la gestión de idear, integrar y planificar complejos procesos, productos e infraestructura en con una visión y objetivos de proporcionar comportamientos, flujos de trabajo y resultados únicos y alineados a los objetivos y procesos de negocio. No era raro encontrar a muchas personas y áreas recibir este apelativo sin que necesariamente estuvieran preparados para ello. Así como a muchos albañíles sardónicamente se les llega a decir “arquitectos”, lo mismo ocurre en la informática y computación, cuando son en realidad meramente albañiles de la profesión.

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