Changuitos

Existe una metáfora acerca de las obligaciones, responsabilidades y su delegación con respecto a llevar “changuitos” sobre el hombro. Se dice que el chiste es hacer que los changuitos pasen del hombre de uno a aquellos a los que se les delegarán tareas y evitar que uno termine con más changuitos sobre los hombros que al inicio (del día, de una reunión, etcétera).

The classical monkey on the shoulder

Hace poco mi esposa me pidió mi teléfono porque tomará un curso de “motivación personal”, “habilidades directivas” o algo así. Quien le está patrocinando el asunto (porque no son baratos y hay que ver como es que hay gente que los paga) lo necesita para “una dinámica” del curso. Además de que personalmente aborrezco estos cursitos y las “dinámicas” al respecto, odio dar mi teléfono a desconocidos. No sólo por la seguridad que hoy en día exige tener un celular sino por las molestias que traen (interrupciones de desconocidos y labores de ventas). Aunque quizás no sea muy social, me gusta la comunicación escrita y odio al teléfono; interrumpe, es ruidoso y presupone una subordinación para con quién llama. Así soy, pero no soy el único que piensa así. Del otro lado, hay mucha gente a la que le encanta el teléfono y aborrece tener que escribir algo, incluso un SMS, menos un tweet. Hay mucha gente floja por ahí que simplemente no le gusta tener que leer y menos escribir.

Mi esposa conoce mi regla: “si no estás en mi lista de contactos, no te respondo“, así de simple. y se la recordé al darle el teléfono, un poco a regañadientes. Yo me pregunto si sabiendo esto le advertiría a quien se lo daría que primero me mandara un SMS para agregarla a la lista de contactos. ¿No sería lo lógico?

Resultó que la persona interesada en contactarme me llamó y dejó un mensaje en el buzón de voz. Se presentó y dio su celular, irónicamente también indica que no responde llamadas de desconocidos y pide le mande primero un SMS, además de pedirme que la busque para lo que ella necesita.

El asunto me recordó a un jefe que tuve, buena persona, mal jefe; particularmente perverso con sus secretarias, a las que pedía cosas y luego simplemente se iba o movía de su lugar. La secretaria, tras conseguirle la llamada o la información que requería debía estarlo buscando. El decía que esa era la chamba de la secretaria. Hay verdad en ello, pero creo que hay un cierto comportamiento ético (cortesía) que hay que seguir cuando uno pide algo.

El asunto también me recordó la metáfora simiesca descrita al inicio. La persona que requiere mi ayuda está tratando de pasarme su changuito y además está haciéndole como mi exjefe, creándome uno más (el que la busque). Yo por el momento haré que devengue su salario. Veremos quien puede crear o contener más changuitos.

Task and money

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