De evaluaciones y desempeño (2)

Continuando con lo que ayer platicaba, yo siempre he dicho que ante la enorme cantidad de administradores que contrastan con las áreas de producción, deberían ser chamba de estos reportar lo que los verdaderamente productivos hacen. Lo que no es imposible, pero es difícil de lograr pues a nadie le gusta estar pregonando los logros de otros, ¿o sí? En esta vida hay de todo y abundan esos individuos lambiscones de miserable existencia que no les queda de otra mas que hacer suyos los logros de los demás para justificar el trabajo y existencia propias.

Esto me hizo recordar algunas situaciones laborales, especialmente en Banamex. Resultaba paradójico que a la hora de los estímulos, se los dieran a aquellas personas que siempre estaban metidas en problemas y quienes haciendo todo un circo lograban sacar la chamba. Habíamos muchos más que hacíamos nuestras labores bien y de quienes sabían poco, porque rara vez nuestros desarrollos tenían problemas o los problemas que hubiera no llegaban a oídos de nuestro supervisores, los arreglábamos y listo. ¿Acaso no es esa la labor de todo aquel que le reporta a un supervisor?

En una ocasión, en una revisión anual de desempeño, mi jefe me preguntó si consideraba recibir bono anual. Me limité a decirle simplemente “sí”. Me sorprendió mucho que él se sorprendiera igualmente y me preguntara el porqué, que qué había hecho especial en el año, un año que había sido particularmente agitado por muchos problemas que se tuvieron con lo que ya estaba en producción y lo nuevo que fue liberado. Mi respuesta fue “¿Has tenido problemas conmigo?” y entonces ya no me sorprendió que se sorprendiera al tratar de hacer un recuento y ver que, efectivamente, de mi parte no había tenido problemas sobresalientes. Supe entonces que ese año no tendría un bono por desempeño, porque de otorgármelo estaría él aceptando que traía un verdadero desorden con otras cosas y que no estaba al tanto de lo que se suponía debía estarlo. Si mi supervisor inmediato no tenía mayor conocimiento de mi existencia, el supervisor de éste menos, y el primero no va a decirle que estaba gratificando a alguien del que no sabía que hacía, opacando toda la parafernalia de acciones y contracciones que se llevaron resolviendo los problemas de otras personas. En fin, toda una comedia.

Ese año mi calificación fue “hace su chamba bien, como se espera pero sin existir evidencia de esfuerzos adicionales o sobresalientes.” Lo cual no me sorprendió.

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