Aventuras sobre ruedas (1)

A la par de la serie de entradas sobre cultura e infraestructura vial, que ya va en su octogésima cuarta entrada semanal, voy a poner algunos posts relacionados al tema. Si bien la mencionada serie es más de ideas y reflexiones, esta será más de relatos sobre lo que significa manejar en la Ciudad de México, de las experiencias que se viven. Ya he escrito algunas al respecto. Quienes vivimos aquí sabemos lo sui generis que puede ser la vida vehícular en la capital de la nación.

Por ejemplo, hoy ocurrió que mientras recogía a los niños en su escuela, poco después de estacionarme, una patrulla cerró la calle, debido a que en una fábrica de chocolates en la calle estaban entregando equipo eléctrico. Una planta de energía parecía era la entrega. Un armastrote de dos metros de alto por unos cuatro o cinco de largo y uno o uno y medio de profundidad. El camión haciendo la entrega bloqueaba la calle y se veía que el asunto iba para largo.

Algunos coches salieron echándose en reversa pero se me hacía complicada la maniobra así, por lo que yo opté por darme la vuelta y salir de frente, yendo en sentido contrario. La patrulla, al verme, de inmediato se movió para dejarme pasar. Extrañamente dos autos aprovecharon para pasar. Digo extrañamente porque era obvio y visible el bloqueo. Las mujeres al volante de esos vehículos no desperdiciaron el momento para lanzarme algunos insultos por ir en sentido contrario. Por donde iba a pasar otro auto también quiso hacerlo. Su conductor hizo algunos ademanes sugiriendo la sorpresa y tontería que yo cometía por tomar esa calle en sentido contrario. En forma similar le sugerí se hiciera para atrás pero el pareció contestar que yo debía hacerlo por ir en sentido equivocado. Pude haberme bajado a explicarle pero decidí tomar las cosas con humor y divertirme un poco. Le hice algunas señas al poli de la patrulla, el gritó que la calle estaba cerrada. Dudo que el conductor le haya escuchado pero el hecho le debió sugerir que debía dejarme pasar por lo que se hizo para atrás y pasé. Pude ver que este sujeto trató de aprovechar la maniobra para pasar y vi su frustración cuando el poli le cerró el paso. Similarmente me imagino la frustración de aquella mujeres cuando cayeron en cuenta de lo que ocurría y deberían hacer lo mismo que yo (je, je).

Ahora, las preguntas, observaciones obligadas y sus posibles respuestas son:

  • ¿Una patrulla impidiendo el paso no es indicador suficiente de que es mejor buscar una camino alterno? Al parecer no y por  lo que veo estamos ya acostumbrados a ver patrullas atravesadas sirviendo de estorbo y podemos rodearlas sin problema. La autoridad que pueden representar está nulificada y demeritada a más no poder.
  • Un auto en sentido contrario, al que una patrulla le da el paso, ¿no es indicador suficiente de que algo ocurre y debe uno buscar otro camino? Al igual que el punto anterior, al parecer una patrulla sólo es un desafortunado obstáculo que aparecen de cuando en cuando en las calles sin mayor razón que fastidiar la circulación. Al parecer también estamos  acostumbrados a que el uniformado en ellas es un ente irracional con  el que no es posible dialogar y no caso hace falta. Uno debe abrirse paso como pueda y cualquier hecho inusual debe ser ignorado.
  • Pude notar también que muchos autos estaban frente a la patrulla como tratando de intimidarla con su número y así obligarla a moverse. Al parecer la SSP nos tiene acostumbrados a ello y seguramente han cedido ante la presión popular en otras ocasiones.

Conclusión: demasiados idiotas al volante en esta ciudad.

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