El zoológico del parque El Batán

Ayer acudimos al parque El Batán, que se encuentra al sur de la Ciudad de México, muy cerca del asta bandera monumental de San Jerónimo. El parque cuenta con un pequeño zoológico, aunque creo que el nombre le queda muy grande a la fuentecilla con carpas, tortuguero y jaulas con que cuenta. En las jaulas hay uno o dos papagayos, varios loros huastecos, periquitos australianos, algunas aves más y un mono capuchino.

Los loros huastecos están sólo parados en los palos y ramas que tienen en sus reducidas jaulas. Algo adormilados y esponjados. Me dio la impresión de que estaban enfermos. Pero, lo peor fue ver al mono capuchino. Aunque está activo, sólo observa a la lejanía, un poco con la mirada perdida. Puede acercarse al vidrio de su jaula y a pesar de haber personas observándolo y haciéndole gestos o ademanes, él no se inmuta. Sigue mirando a lo lejos. Ocasionalmente se detiene y pareciera espulgarse el brazo derecho.

Estamos acostumbrados a ver a los simios hurgar entre su pelaje para comerse los parásitos que pueden tener pero si uno observa con atención a este mono, verá que lo que se quita es el pelo de su muñeca y antebrazo, el cual ya tiene completamente pelado y se ve su grisácea piel. Definitivamente una manifestación no natural que puede ser por el estrés de estar cautivo. Esto no es algo reciente. Lleva ya haciéndolo algo de tiempo. Los cuidadores del parque o lo ignoran o no lo atienden.Deprimente.

No hace mucho, como parte del plan de fomento a la lectura que está promueve la SEP y una abusada editorial (¿o abusiva?), leía “La Ciudad de las Esfinges”, que forma parte de las lecturas para el 6to grado de primaria. El ibro expone las aventura de un grupo de cazadores que son cazados por una civilización animal que ha permanecido oculta y ha evolucionado casi a la par de la humnana. El punto interesante de la historia es la inversión de papeles del cazador y su presa de modo que los cazadores experimentan en carne propia ser atrapados y su cautiverio, cambiando de actitud al respecto.  No dudo que el libro haya sido seleccionado precisamente como parte de la consciencia ecológica que se ha venido buscando fomentar en las nuevas generaciones sobre el respeto y no maltrato a los animales. Ahora, yo me pregunto, ¿cómo podemos buscar eso cuando tenemos aún este tipo de zoológicos? Sobre los circos ya se dio un paso importante. Faltan las corridas de toros. Ya con anterioridad había escrito sobre el fin de zoológicos y ruedos.

Después de ver el deprimente espectáculo de estos animales en cautiverio me topé con el tuit, muy ad hoc al momento:

El Batán se anuncia como “parque ecológico” y en su página de Facebook anuncian a este mono capuchino como “Gaspar”. ¿Realmente podríamos considerar a este parque como “ecológico”? Yo no. Una búsqueda en Google usando las palabras “mono capuchino el batán” trae varias fotos de este monito e información del parque

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