De cultura e infraestructura vial (97)

Ya se han expuesto las consideraciones y definiciones sobre conducción autónoma y vehículos sin conductor. Podría seguir debatiendo y exponiendo sobre el tema (de hecho he encontrado algunas cosas que podrían ser temas de tesis para alguien interesado en el terreno legal, computacional e informático). Pero, ya me he desviado un poco del propósito de esta serie de entradas. Así que, retomando el objetivo y para cerrar este capítulo, ¿que podemos decir y esperar sobre la conducción autónoma y vehículos sin conductor? Bien primero en materia de infraestructura vial:

  • Definitivamente pensar en tener infraestructura que asistan a vehículos sin conductor, va a estar difícil. Máxime sabiendo lo que son los servicios gubernamentales.
  • Definitivamente el estado es demasiado inepto para una tarea como ésta. Deberá ser algo concesionado, por lo que ahí hay una promisoria área de negocio pero también un riego de que esto sea vendido para saciar intereses propios.
  • La conducción autónoma es lo que saldría más barato a la ciudad. Los autos deben ser capaces de “leer” el camino en la misma forma en que lo hacen los seres humanos. Pero, ¿se guiarán por lo que deber ser la conducción o deberán ser capaces de adaptarse a los “usos y costumbres”.

En cuestiones legales y regulatorias hay cosas más interesantes aún. Yendo en orden de “aparición”:

  • Por supuesto, el único que debería regular esto debe ser el gobierno. Pero, lo cierto es un tema que rebasa su conocimiento. Es decir, ¿cómo se podrá regular o certificar que un auto es capaz de conducirse sin asistencia humana cuando no se tiene gente que sepa sobre el asunto? La respuesta que cualquier político y funcionario sería “nos apegaremos a estándares internacionales” (entiéndase “si es bueno para los gringos, es bueno para nosotros”). Pero, una cosa es el tránsito gringo (y quizás hasta el tránsito ideal en una ciudad norteamericana) y otra la Ciudad de México con taxistas y peseros gandallas, peatones ensalsados a creerse reyes de la calle e ignorantes de toda ley social y física, una pobre e inadecuada infraestructura de circulación, ciclistas que actúan como conductores irresponsables y autoridades que sólo complican más la circulación y buscar entorpecerla para justificar su chamba. Ni siquiera una IA puede con esto. No me extrañaría que se diera un caso como la computadora del Discovery, HAL 9000 de “2001: An Space Odissey“.
  • ¿Qué pasa ante un accidente? Desde un choque ligero hasta un atropellamiento (con o sin muertos). ¿Puede fincársele responsabilidad civil o penal a un auto? ¿A su dueño? ¿A una empresa? ¿Al fabricante?
  • Los taxistas no hace mucho chillaban porque Uber les estaba “comiendo el mandado”. Esperen a que lleguen los vehículos sin conductor y vean que ahora compiten contra una empresa (que ya no debe pagar salarios ni prestaciones a conductores) y autos que pueden actuar con mejor sentido común y servicio que ellos.
  • ¿Qué van a hacer los de tránsito cuando se topen con vehículos a los que no puedan decirles “oríllese a la orilla”? ¿Podría multársele a un auto sin conductor? ¿Quién es responsable por las decisiones que un auto tome? ¿Su dueño? ¿Que pasa si un auto ignora (como muchos capitalinos lo hacen) las indicaciones de un agente de tránsito? ¿Puede responsabilizarse a su pasajero? Nótese que aquí surge algo curioso. La posible persona que fuera en él puede no estar incluso capacitada para manejar; y, aunque lo estuviera, pasa a ser un simple pasajero. ¿Si va dormida? ¿Y si no lleva a nadie? ¿Podríamos mandar al auto a recoger algo y que ande sólo por la ciudad? ¿Y si pasa algo? ¿Qué pasa si uno de la SSP, al ver al auto sin conductor, decide inventarle alguna falta e intenta detener al vehículo? ¿Y si el auto no quiere detenerse? ¿Y si el auto “entra en pánico”? ¿Si me llega una foto multa? ¿Debo pagar los errores que cometa mi auto?

¿Verdad que no está tan fácil el tema?

Una cosa es segura. El día que la verdadera conducción autónoma llegue a esta ciudad, a la Ciudad de México, terminaremos con los embotellamientos y caos viales con los que vivimos que día con día.

Bad driving

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