Mi interés por la ciencia

¿De donde viene mi interés por la ciencia? Definitivamente tuve la fortuna de tener padres lectores. Pero,  si algo influyó en mi interés por la ciencia definitivamente fue por cuatro libros, cuatro tomos que conformaban una pequeña enciclopedia conocida como “Enciclopedia Científica”. Esta enciclopedia fue fuente a la respuesta de muchas tareas, (junto con otra de 20 tomos de la editorial Novaro, creo, de nombre “Enciclopedia de Oro”).

Aunque no tengo recuerdo de ello, mi mamá en alguna ocasión comenta haberse sentado con mi hermana y yo a hojear o a leernos estos libros. Pero, definitivamente la Enciclopedia Científica fue la que ejerció más influencia en mi. Ambas obras son de la década de 1960. La Enciclopedia Científica es de 1965. En aquella época presentaba, en forma amena y simple, el horizonte científico de la época.

Un tomo estaba dedicado a la geología, antropología y palentología. De este libro aprendí mis primeros nombre de dinosaurios. Estaba en kinder y de grande quería ser paleontólogo. De aquel entonces para acá, la genealogía de los dinosaurios ha crecido enormidades. Quizás, cuando mucho, veinte de ellos eran descritos ahí. Hoy se conocen cientos, quizás miles de ellos.

Otro estaba dedicado a la astronomía y cosmología. Y sí, quizás en algún momento consideré ser astrónomo o astronauta al crecer pero no lo veía como algo retador, sino como algo en lo que uno sólo se pasaba contemplando algunas bellas imágenes de algo que se movía muy lentamente en el espacio.

Uno más dedicado a la física, química e ingeniería. Este fue el tomo que terminó convirtiéndose en mi favorito y que durante mucho tiempo definió mi interés por ser “químico-físico nuclear” cuando creciera. Este libro atrajo mi interés a la física del átomo primero y luego a la electricidad y magnetismo.

Y, finalmente había uno más dedicado a la meteorología. El libro que menos hojee de todos ellos. Sólo hablaba de nubes, el clima, fenómenos meteorológicos y el pronóstico del tiempo. Muy aburrido para mis intereses de aquella época.

Algo que recuerdo mucho de estos libros era que a) todas las fotografías eran en blanco y negro y las personas retratadas en ellas (caucásicas todas ellas, si mal no recuerdo) aparecían muy formales, muy pulcras. Cabello bien peinados en mujeres y niñas, todas ellas de vestido. Hombres y niños con el cabello recortado y bien peinado. Vestidos como si fueran a misa de domingo.

A pesar de ser ambas enciclopedias, obras con más de 50 años, y estas completamente desactualizadas (hasta el conocimiento básico y fundamental que presentan es obsoleto), hay bibliotecas públicas que todavía conservan ejemplares de éstas. Yo mismo lo he atestiguado.

Y no soy el único al que estos libros marcaron y definieron. Una búsqueda en la Internet mostrará que hay mucha gente que recuerda estas obras con nostalgia. Muchos de ellos buscan incluso estas obras. Algunos coleccionistas (o quizás meros nostálgicos lectores) llega a mencionar que esta obra en particular puede considerarse una rareza por su éxito editorial o elaboración.

Así, he elegido las portadas de esta enciclopedia para ilustrar algunas páginas en las que estoy desarrollando temas de mi interés.

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