Jugando al gato y el ratón (1)

La alegoría “jugando al gato y el ratón” es bien conocida por todo mexicano: se refiere a una situación en la que un grupo o persona está buscando a otro grupo o persona pero, ya sea por casualidad, o deliberadamente, el hallazgo o encuentro no se ha dado. La frase es algo irónica por lo que en general presupone cierta malicia deliberada o una acción consciente para evitar el encuentro. Cuando una situación de esta naturaleza se da, se entiende perfectamente el porqué de la frase y su uso (además de que el verbo y sustantivos de ésta son muy explícitos).

Cuando trabajaba en Banamex pasaba frecuentemente que el área de IT era auditada, que si por la seguridad, que si por el apego a los procesos de desarrollo de software, que si por la privacidad y confidencialidad del cliente. Por lo que fuera, nos la pasábamos auditados ocho de los doce meses del año (restando capacidad productiva a toda el área, pues cada auditoría requería juntar evidencias que aún teniéndolas implican trabajo reuniéndolas y acudiendo a reuniones de “cómo responder a los auditores”). Lo que me parecía un poco ridículo del asunto, era el miedo que manifestaban los jefes, principalmente. Veían al proceso de autoría como algo punitivo en lugar de verlo como una ayuda para mejora y descubrimiento de puntos débiles. Parecía que para la mayoría el pensar no aprobar una auditoría era sinónimo de despido o alguna acción penal en su contra.

Y más ridículo aún era el proceso seguido: los auditores avisaban al auditado del proceso e intención así como el periodo de éste; los auditados respondían con una pseudo carta de intención en la que señalaban lo que podían dar y aquello a lo que los auditores tendrán acceso; seguía un periodo de juntas entre los auditados en lo que internamente aleccionaban a sus subordinados sobre qué y que no decir y que ocultar de los auditores; los auditores respondían con lo que querían ver y seguían un proceso de negociación. Cuando los auditores iniciaban su trabajo empezaba la cacería de ratones y los ratones buscábamos “como ponerle el cascabel al gato”. Venía el periodo de generación apresurada (e incluso falsificación de evidencia) y así hasta el cierre, que generalmente terminaba con un “no satisfactorio” (que no era tan malo, ya que había calificaciones peores) y el aviso que nuevamente seríamos auditados el siguiente año.

Seguramente quien lea el párrafo anterior dirá “que gente tan marrullera” la que labora en Banamex, y se preguntarán de dónde se aprenden tan malas mañas.  Tras mi salida de Banamex, creí ya haber quedado libre de estas tonterías pero parece que es un mal endémico del país. No solamente he vuelto a repetir esta situación sino que me han platicado de cosas similares. Respondiendo a la pregunta hecha, bueno, podría decir que se empieza siendo becario del CONACyT.

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