Del verbo emprender

Escudo de la UPIICSA

Este semestre me tocó impartir la materia “Formación de Industria Informática“. Materia heredera de una propuesta que hice hace ya  muchos años en una revisión de un plan de estudios anterior, inicialmente de nombre “Formación de Industrias y Servicios Informáticos“. En aquel entonces (y hoy en día también) la preocupación era sobre la vinculación que la maestría tuviera con la industria (en otras palabras, que el plan de estudios fuera realmente útil y acorde a los objetivos de la maestría; bueno, aquí hay mucho de que escribir que ya luego tocaré en otras entradas).

Con esto en mente, en varias ocasiones sugerí poder tener cursos sobre la administración de proyectos, dado mi envolvimiento en ellos. Sin embargo, éstas no dejaban de verse en forma académica. Algo faltaba.

La idea de la materia surgió de toda la experiencia que adquirí cuando participé en el desarrollo de los productos AcciNet, AcciGame y AcciTrade en Banamex. Ahí aprendí lo que ningún libro enseña y muchos adquieren a través de años de actividad mercantil y mercadotécnica. Mi idea era poder desarrollar una materia que permitiera poder transmitir todo eso que se lleva a cabo en el aspecto mercantil y mercadotécnico, enfocado a algo que ya sabemos hacer los informáticos: programar y crear sistemas de información. Fueron dos o tres años de un enorme aprendizaje, durante el inicio del boom del comercio electrónico (que derivó en varios artículos que escribí al respecto, ver mi perfil en ResearchGate)

Paradójicamente nunca di la materia. Era buena dando materias más complicadas (Diseño de Compiladores, Procesamiento en Paralelo, Arquitectura de Máquinas, Simulación, Lenguaje de Programación) que mi idea quedó en una propuesta que otros profesores desarrollaron con base en su propia experiencia.

Posteriormente, la materia fue renombrada con la designación que ahora tiene (que para mi gusto sólo refleja un aspecto del tema y no todas las implicaciones que sabemos los informáticos pueden darse, pues para nosotros “la industria” es lo que puede producirse —software, datos e información— pero otra cosa diferente son “los servicios” que pueden proveerse al respecto sin necesidad de tener que crear a la industria primero). El cambio de nombre fue hecho en una posterior revisión del plan de estudios y, curiosamente, la materia regresó al terreno académico.

La materia me ha tocado impartirla actuando como profesor emergente, substituyendo a quién estaba inicialmente designado para ello. Me ha tocado impartirla justo cuando he venido trabajando en temas de innovación (asesorando algunas tesis al respecto y escribiendo sobre ello —mi trabajo  para el Premio de Ensayo de Innovación Educativa 2017, si bien sólo alcanzó una mención honorífica, será incluido en una compilación de ensayos y he debido trabajar un poco más puliéndolo).

Parte de las ideas detrás del tema de la innovación (de como alcanzarla o cómo propiciarla —como en el  ensayo mencionado) está estrechamente relacionado con algo que he venido promoviendo desde hace tiempo: el que se aproveche y transmita la experiencia que los profesores de tiempo parcial tenemos. Desafortunadamente, a últimas fechas se ha remarcado esa tendencia y creencia que un “posgrado de calidad” sólo puede adquirir tal condición con un núcleo académico puro, con un grupo de profesores sin ninguna vinculación práctica en el entorno profesional del programa de estudios e inclusive sin la experiencia de haber ejercido una actividad profesional en éste. Hoy en día en que el emprendimiento y  la innovación están tan de moda, me parece de poco sentido que materias dedicadas a éstas sean impartidas por un académico teórico cuya experiencia profesional se limita al aula.

Hace muchos años se publicaba en el Excelsior la columna “Aprendiz de Brujo”, escrita por Adina Chelminsky. No sé hasta cuando se escribió, y creo que ya no aparece más. Era una columna dedicada a narrar las experiencias del emprendimiento de primera mano. Una de sus entregas, dedicada a responder la pregunta de si todos podemos ser emprendedores, viene muy al caso1.

El artículo de la columna mencionada, por supuesto está enfocado al aspecto empresarial, pero existe también un aspecto académico en el asunto, me refiero a que también puede extenderse a estos terrenos. Toda iniciativa de proyecto (administrativo, educativo, ingenieril, científico o tecnológico) requiere de un emprendedor, máxime cuando se trata de una iniciativa individual.

Respondiendo a la pregunta de Chelminsky, pero entendiendo el dominio señalado en el párrafo previo, diré que sí, sin importar sea algo comercial, tecnológico o académico, todos podemos ser emprendedores. Todos podemos tomar una iniciativa y trabajar para desarrollarla. Creo que serán muy poco los casos en los que el individuo a cargo, colapse y pueda decirse que no posee ni pizca de emprendimiento. Sin embargo, eso sí, creo que la gran mayoría lo hará por ser algo que alguien más lo ordena, por ser una función de sus responsabilidades y así, ser algo que se espera de éste. Ahora, si eso es “emprendimiento” o “iniciativa” es algo a debatir en otro post.

Por otra parte, ¿ser emprendedores eficientes? No todos. ¿Emprendedores exitosos? Menos. En esta última categoría entran todos aquellos por lo que se se pregunta en el mencionado artículo. ¿Innovadores? Sí, quizás unos cuántos menos. ¿Innovadores exitosos? Contados con los dedos, es una etiqueta reservada sólo para aquellos que exhiben una creatividad fuera de lo común pero que al mismo tiempo son capaces de llevarla al mercado en forma eficiente. No importa si termina en una industria multimillonaria o una micro empresa, el punto aquí es el cumplimiento de la meta fijada.

Importante es señalar que, todos ellos, en su nivel, los define algo: el estar dispuestos a seguir sin rendirse. Eso es lo que realmente define a un emprendedor.

Referencias

  1. Adina Chelminsky, “¿Todos Podemos Ser Emprendedores?,” Excelsior, sección Dinero, columna “Aprendiz de Brujo“, página 12. Ciudad de México, 2012.05.04. URL: http://www.excelsior.com.mx/periodico/flip-dinero/04-05-2012/portada.pdf.

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