Estrategias bicicleteras

La llegada de Mancera como Jefe de Gobierno (o cualquiera que haya sido el título) de la Ciudad de México trajo consigo el impulso a estrategias para tratar de reducir el uso del automóvil; estrategias cohercitivas en su aplicación o naturaleza.

Las denoto así, no porque vengan de una autoridad y busquen cambiar nuestro comportamiento en el desplazamiento en nuestra ciudad (toda vez que es responsabilidad de la autoridad buscar el bien común, pese a que no nos guste y nos resistamos a ello), sino porque todo el asunto giró en torno a dificultar el uso del automóvil esperando, creo yo, que esto motivara a la gente a disminuir su uso y dependencia.

Además del endurecimiento en los criterios y lineamientos del programa “Hoy No Circula“, la modificación de la geometría, flujos y distribución de espacios para el flujo vehicular y peatonal; se modificó el Reglamento de Tránsito para reforzar esas acciones de  dar prioridad (en las que predomina la visión de privilegiar al peatón o al ciclista, permitiéndole en muchos casos conductas riesgosas o temerarias y evitando cualquier sanción a éste al actuar en forma contraria al reglamento; paradójicamente a la iniciativa general detrás de todo esto: disminuir la cantidad de atropellamientos).

Lejos de brindar alternativas para que automotores, ciclistas y peatones puedan convivir armoniosamente, lo cierto es que se les ha obligado a coexistir. A los primeros se les ha estigmatizado como parte de un grupo social que tiene acceso a lujos que cada vez menos personas pueden darse y mantener (con aquello de los “gasolinazos”), además de ser quienes más cómodo viajan; a los segundos se les ha tratado de impulsar como una alternativa de movimiento que, de alguna forma, no está sujeta al reglamento de transito y así los privilegiados conductores deben cuidar y dar prioridad (ignorando que, sin importar la acción, atención o vehículo, las leyes físicas se encargarán de que si se reúnen las condiciones necesarias para que a alguien lo atropellen así será).

A los ciclistas se les ha hecho creer que por ser ellos una ejemplo a seguir para desincentivar el uso del automóvil, tienen derecho a circular en el sentido y maniobras que les den sus ganas e ignorar todo buen sentido común del porqué uno debe hacer alto ante un semáforo en rojo. A todas luces se les está permitiendo ignorar el fin principal de un semáforo.

Finalmente a los peatones se les inculca que ellos son a quienes todos los demás les deben el sentido de paso y así ni ellos mismos tienen porque cuidar lo que hacen. Cualquier accidente es responsabilidad del conductor del vehículo automotor.

Dentro de estas estrategias, están aquellas “bicicleteras”. La prima fue la de ECOBICI. Estrategia gubernamental que se instauró quitando espacio de estacionamiento a vehículos (espacio como para contener dos o tres autos) para colocar las estaciones de confinamiento de las bicicletas. Estas estaciones pudieron haber sido colocadas sobre las banquetas, sin restar significativamente espacio para el peatón (además de inhibir al ambulantaje).

Como se implementó, no sólo quita espacio de estacionamiento sino que además crea cuellos de botella generando tráfico, incrementando el tiempo que los autos permanecen en una situación donde la eficiencia del motor es mínimo y generando contaminantes.

A esta estrategia se han sumado una o dos mas relacionadas con bicicletas, con montonetas eléctricas y patines del diablo (scooters), que no requieren estaciones y pueden ser dejadas por donde sea. La cantidad de bicicletas (que obviamente ha sido pensada en disminuir costos de manufactura por el volumen) se ha vuelto un problema al convertirse en obstáculos para el paso del peatón. Aquí existe una responsabilidad compartida entre el usuario la empresa arrendadora. El usuario debe entender su papel en la dinámica de movilidad urbana, así como el acatamiento de modales y reglas de urbanidad que le motiven a dejar su vehículo de forma tal que no afecte a otros en el mismo derecho que el posee. La empresa por su parte debe cuidar y promover lo anterior.

Aquí puede apreciarse un vacío legal que impide a la autoridad poner orden. Por ejemplo, ¿como actuar si los vehículos de renta se dejan en una zona reservada para discapacitados o acceso para éstos? ¿Se le sanciona a la empresa o al usuario? Legalmete hablando, y más al no estar reglamentado, será difícil fincársele una responsabilidad a la empresa pues ella no está cometiendo la infracción o acción. El usuario argumentará que el sigue las instrucciones de la empresa o del modelo de servicio al dejar el vehículo “donde sea”.

Al no tener una cultura con aspectos que reprueben una conducta en la que terceros son afectados se dificulta más el asunto. Aquí el modelo a seguir sería que los vehículos infraccionados fueran sancionados (el problema está es el abuso en que incurrirían los policías), y así a la empresa. Ya la empresa se encargaría de sancionar al usuario.

Referencias

  1. ¿Qué es ECOBICI?“, Gobierno de la Ciudad de México, web. Visitado:2018.10.15. URL: https://www.ecobici.cdmx.gob.mx/es/informacion-del-servicio/que-es-ecobici.
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