The eReader experience

Compré un lector electrónico Kobo. Desde hace tiempo que había considerado la posibilidad de adquirir uno de estos dispositivos. Tengo un titipuchal de material de lectura en formato electrónico. El formato de este material es PDF principalmente, seguido por EPUB y algunos DJVU, MOBI, PostScript… y quizás algún otro formato extraño más que tenga por ahí, y que por falta de un visor o conocimiento para su conversión tenga abandonado. Todo esto sin considerar archivos de texto plano o enriquecido (DOC, DOCX, PPT, TXT).

El encender la computadora a veces no es opción, requiere de un lugar y no es un dispositivo que puedas mover con relativa facilidad, al menos no con la misma de uno del tamaño de una tableta o celular. Además, cualquiera de estos tres dispositivos son una constante tentación de distracciones. No, un lector de libros electrónicos era algo necesario.

 

En mi mente estaban los Kindle, pero creo que Amazon se ha vuelto un poco arrogante al respecto. Recordaba que la Gandhi los distribuía pero veo que ya no es así y tanto ésta como la Porrúa han optado por los Kobo.

Recuerdo en mi primer iPhone haber descargado la aplicación emuladora del Kindle, así también haberlo hecho en un iPad. En el primer caso, el espacio de almacenamiento era el problema. En el segundo caso, tratándose de un dispositivo familiar lo fue el tiempo (los hijos lo acaparaban para jugar con él). Así que nunca las usé. La aplicación iBooks fue un posterior intento, pero el tener a la computadora prendida (y hay muchas distracciones con la compu) se volvía en un problema de espacio físico y comodidad.

Hace algunos años, con mi último iPhone, leí “Soldados en la Lluvia” de Antonio Malpica. Esta era una lectura de mi hija mayor. Fue el primer libro que adquirí en formato electrónico. Curiosamente este libro lo adquirí a través del Play Store de Google y terminé leyéndolo con el lector Google Play Books. Más recientemente, mientras “buscaba” otro libro, los resultados del buscador me llevaron a una especie de “conmoción” sobre algunos libros de Malpica (una saga, algo que aunque parece ya común, creo que no lo es tanto y menos de un escritor en español). Ya habiendo leído algunos libros de este autor (que comenzaba a colocarse como uno de los favoritos míos) no resistí haber encontrado uno de sus libros de los que tanto hablaban en formato PDF. Lo descargué y leí, repartiendo el tiempo de lectura entre mi celular Android y la computadora. Habiéndome parecido un libro buenísimo, decidí continuar la lectura de la saga, pero en formato electrónico y ya adquirí el segundo tomo de esta saga.

Aunado a éste, gracias a los contratos que el IPN tiene con varias editoriales (más lo que Google le ayuda a uno a encontrar), tengo una enorme cantidad de artículos y libros en formato PDF que cada día aumenta y no tengo la oportunidad de leer y explorar como debería. En la computadora, como ya he mencionado hay una cierta incomodidad. En el celular, el espacio de memoria y la diminuta pantalla son los principales problemas (más la distracción de las redes sociales, en especial Twitter). Había considerado comprar una tableta electrónica para esto pero nuevamente estaba el problema de la distracción. Me pareció que un lector electrónico de libros era una mejor opción.

 

Mi principal preocupación sobre éste era, por lo que había leído, la presentación de complejos (fórmulas, gráficas, tablas) documentos PDF, que a veces no era la mejor. Traté de resolver mis dudas con el personal de las librerías Gandhi y Porrúa, que es donde se venden, pero en ambos casos no sirvieron de mucho. Es verdaderamente penoso como estas personas pueden llegar a desconocer un producto que se supone ellos venden.

En fin, tras continuar mis investigaciones en la red y revisar costos y disponibilidad entre Kindle y Kobo, terminé adquiriendo un modelo Clara HD de éste último. Hasta el momento he transferido 598 documentos a éste, esperando me sirva también para clasificar y depurar este material. Hasta donde he podido ver, la experiencia ha sido placentera por el momento.

Ciertamente, soy un bibliómano confeso y prefiero un libro físico a uno electrónico, pero tratándose de libros técnicos, el formato físico se vuelve un problema después de 2, 3, a lo más 5 años. Ya que el contenido se “obsoletiza” rápidamente. Es muy difícil ya que un libro técnico se vuelva un “clásico” que sirva de referencia para un futuro a mediano o largo plazo. Libros de este tipo son contados (con los dedos) de una mano en cada campo del quehacer científico y tecnológico actual. Así, el formato electrónico se ha vuelto una verdadera opción para este caso.

Hace tiempo leí que las librerías Gandhi ofrecían un servicio express de impresión de libros1. Algo que ya de hecho me pareció extraño considerando lo que se comentaba en las tendencias de libros y material de lectura en formato electrónico. En aquel entonces era un aún más marcado bibliómano de libros físicos y aun así me parecía algo que no prosperaría. Desconozco el estado actual de esta idea pero ahora que “estoy dando mi brazo a torcer” en el formato electrónico creo que menos esperanzas podría llegara tener este tipos de ideas.

Referencias

  1. Gabriela Chávez, “Libros a la carta,”, Excelsior, sección Dinero, Ciudad de México, 2019.02.21. URL: http://excelsior.com.mx/periodico/flip-dinero/08-11-2012/portada.pdf.

 

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